3 ingredientes que no deberías añadir al café

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Tomar café, si se encuadra dentro de los límites recomendados (2 o 3 tazas diarias como máximo, según The New England Journal of Medicine), puede resultar beneficioso para la salud. La misma publicación científica vincula la ingesta prudente de café a una reducción del 10% del riesgo de muerte por enfermedades cardíacas, respiratorias, accidentes cerebrovasculares y por diabetes e infecciones. Hay excepciones, por supuesto, como el caso de los hipertensos. En general, aunque las guías clínicas no son contundentes al respecto, se recomienda moderar el consumo de café en las personas con la tensión elevada. Pese a que algunos estudios no han revelado que el consumo de café moderado aumente la tensión a largo plazo, sí parece que altas concentraciones puedan elevarla, así como provocar un incremento momentáneo tras su ingesta. Por eso los doctores aconsejan una disminución de consumo en estos casos.

 

Azúcar: poco puede ser demasiado

El criterio a seguir respecto a los añadidos del café ha de ser la moderación. Así que si eres de los que intenta tapar el amargor del café con un sobrecito de azúcar, recuerda que al hacerlo estás incrementando el valor energético que por sí solo el café no tiene, al añadir azúcares simples exclusivamente, los beneficios mencionados y asociados al café quedarán supeditados a la cantidad de azúcar que consumamos el resto del día.

Con esta premisa y para no excedernos de los 25 gramos diarios de azúcar (5% de la energía total necesaria al día) que actualmente recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay que tener presente que los azúcares simples forman parte de muchos de los alimentos que consumimos habitualmente, especialmente los procesados y, por tanto, es fácil rebasar esta cantidad, aunque solo se tome una cucharada por jornada.

Conclusión: aprende a saborearlo sin azúcar.

 

Sin azúcar las células cancerosas mueren

 

Leche entera: más blanquito… y más grasiento

De nuevo, para disfrutar de los beneficios del café, la prudencia manda. En este caso, si tienes la costumbre de manchar el café con un chorrito de leche, será mejor que no pase de ahí. El líquido blanco no acarrea problemas de salud, mas habría que considerar qué cantidad de lácteos vamos a consumir a lo largo de todo el día y cuántos cafés con leche y cortados nos tomaremos. El café, fuente beneficiosa de polifenoles que actúan como antioxidantes, adquiere, al añadir la leche entera, otro significado nutricional, pues entran en juego las saturadas, para las que sí existe una recomendación de consumo diaria (el 10% de la energía de la dieta, según la OMS). Los nutricionistas no desaconsejan la leche entera en personas sanas, pero sus versiones desnatada y semidesnatada tienen menos calorías, y son aptas para personas con obesidad, patologías cardiovasculares o factores de riesgo asociados.
 

Alcohol: pasaporte a la enfermedad

La combinación más “peligrosa” del café, el carajillo (mezcla de café con brandi o con otra bebida destilada, como el ron o el orujo), lo tiene difícil para entrar en el club de las bebidas saludables. Hay que pensar que las bebidas alcohólicas aportan energía (7 kcal/g), pero sin ningún otro nutriente adicional que nos beneficie. La OMS remata con este puñado de cualidades sobre su consumo: “La ingesta de alcohol es un factor causal en más de 200 enfermedades y trastornos. Está asociado con el riesgo de desarrollar problemas de salud tales como trastornos mentales y comportamentales, incluido el alcoholismo, importantes enfermedades no transmisibles tales como la cirrosis hepática, algunos tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares, así como traumatismos derivados de la violencia y los accidentes de tránsito”. No parece lo más indicado para un plácido desayuno…









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