Cambio climático: una amenaza para la seguridad alimentaria mundial

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Un agravamiento de la inseguridad alimentaria se prevé como uno de los impactos del cambio climático, fenómeno que provoca un aumento en las temperaturas del planeta, generando variaciones en los patrones de lluvia y sequías más prolongadas, por lo que algunos cultivos básicos para la alimentación, como el maíz y el trigo, disminuyen su rendimiento.

Si se toma en cuenta que más del 80% de las tierras agrícolas del mundo dependen de la lluvia, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, en inglés), y de que la productividad se supedita, en parte, a una precipitación suficiente, el cambio climático se constituye en un obstáculo para alcanzar la seguridad alimentaria mundial, afectando el cumplimiento del primer Objetivo de Desarrollo del Milenio, que se propone la erradicación de la pobreza extrema y el hambre.

Los efectos del cambio climático sobre la agricultura afectarán doblemente a los pequeños agricultores, quienes ostentan el 90% del total de zonas bajo cultivo, pues sus medios de vida quedarían con una productividad disminuida. La FAO ha estimado que en el mundo existen 570 millones de explotaciones agrícolas, y que de esa cantidad, 500 millones corresponden a la agricultura familiar. En esos predios se genera el 56% de la producción mundial de alimentos.

Basado en los datos anteriores, la FAO afirma que la agricultura familiar está ligada de manera indisociable a la seguridad alimentaria. La define como la producción agrícola, pecuaria, forestal, pesquera y acuícola con acceso limitado a tierra y capital, predominio de la fuerza de trabajo familiar y cuya familia tiene esa actividad económica como su principal fuente de ingresos.

La demanda de alimentos aumentará con el tiempo como consecuencia del crecimiento de la población y del ingreso en las economías emergentes.

Para satisfacer esa demanda se propone como desafío el incremento de la producción de alimentos, de las actividades forestales y de la pesca, siempre tomando en consideración que ese crecimiento tiene que ser sostenible y con una estrategia que se adapte al cambio climático.