Cielo azul y mar de plástico: el coronavirus reduce la contaminación ambiental pero los océanos sufren aún mas

Desde que estamos en cuarentena por la crisis del coronavirus, hay varias cosas que han cambiado radicalmente en su nuestras vidas. Una de ellas salir de casa con guantes y mascarilla. Limpiar los productos cuando llegamos del supermercado y, en algunos casos, hasta limpiar la ropa que hemos utilizado por miedo a que esté infectada. En resumen, tomar todas las precauciones. A pesar de que estas prácticas son recomendables y debemos seguir llevándolas a cabo, también tienen un coste para el medio ambiente. En primer lugar, por la alta demanda de guantes de látex y mascarillas, cuyos filtros de protección están hechos a base de fibras de plástico.

Desde que se cancelaron las clases, se limitaron los desplazamientos y se fomentó el teletrabajo, las emisiones contaminantes han bajado drásticamente y la calidad del aire ha registrado cifras ejemplares. Paralelamente, sin embargo, los expertos apuntan a un aumento del uso de los plásticos de un solo uso. Alba Flores, responsable de la Campaña de Plásticos en Greenpeace España, apuntó en un artículo publicado en la página de la organización que a pesar de que no cuentan con cifras sobre el aumento de plásticos desechables, el incremento salta a la vista.

Flores alertó que este tipo de material puede darnos una falsa sensación de seguridad y recordó que varios estudios indicaron que el virus puede permanecer en las superficies de plásticos durante 2 o 3 días. Por ello, es mejor desinfectar también este tipo de productos, de la misma manera que lo haríamos con otros envases reutilizables. “No hay motivo para fomentar el uso de envases y objetos desechables (…) salvo en condiciones de contagio u hospitalarias donde, como hasta la fecha, pueda ser necesario”, apuntó Flores en su artículo. Además, destacó que utilizar nuestra propia botella o bolsa es más seguro porque así podremos saber dónde han estado y cómo han sido desinfectados.

Adicionalmente, Alba Flores señaló que si los envases que utilizamos fueran reutilizables estaríamos contribuyendo no solo a frenar la crisis sanitaria, también a reducir nuestros residuos. “Hoy en día esto es bastante complicado porque no se ha promovido el uso de esos sistemas y no tenemos esa posibilidad”, afirmó. Sin embargo, existen varias iniciativas en este sentido como la del Principado de Asturias, que busca que hasta 100.000 mascarillas al día puedan ser reutilizadas. Pero el problema sigue siendo generalizado.

Venimos de un sistema que ha favorecido el usar y tirar y la producción lineal de un montón de productos, incluyendo guantes, mascarillas, toallas, etc. En este tipo de situaciones lo que premia es la salud pero tenemos que tener en cuenta que si tuviéramos sistemas reutilizables seríamos capaces de hacer frente a esta situación y no estaríamos creando o contribuyendo más al problema de los residuos que ya teníamos”.

La premisa de estas últimas semanas es desinfectarse en todo momento, sobre todo cuando hemos salido a la calle, aunque haya sido brevemente. Además de las mascarillas y los guantes, muchas personas dejan los zapatos en la puerta y lavan la ropa que llevaban puesta. Por lo tanto, se ponen lavadoras más asiduamente, lo que tiene también tiene un efecto para el medio ambiente.

A pesar de que lo más importante es evitar contagios de coronavirus, también es importante ser consciente de cómo afectan nuestras prácticas para intentar implementar otras que sean menos dañinas para el planeta. Si lavamos ropa que está hecha con materiales sintéticos, como el poliéster, se desprenden microfibras de plástico. “Eso luego no hay manera de recuperarlo porque no hay ningún filtro que sea capaz de captarlo”, explicó Flores. Además de que existe una propuesta para que las lavadores lleven filtros incorporados para que esto no ocurra, Flores apunta a la utilización de ropa con fibras naturales para evitar este problema.

El planeta sigue pintando negro

Cuando se levante la cuarentena, es difícil que nos encontremos con unos mares más limpios que antes. Pero sí con un cielo mucho más azul. Los datos más recientes del satélite Sentinel-5P del programa Copernicus de la Unión Europea mostraron una gran disminución de las concentraciones de dióxido de nitrógeno entre el 13 de marzo y el 13 de abril de 2020 en comparación con las concentraciones promediadas de los mismos meses de 2019.

“Madrid, Milán y Roma han tenido descensos de alrededor del 45%, mientras que París ha experimentado una espectacular caída del 54%. Esto coincide con las estrictas medidas de cuarentena adoptadas por toda Europa”, indicó la Agencia Espacial Europea (ESA) en un comunicado.

Tatiana Nuño, responsable de cambio climático en Greenpeace España, explicó que se corre el riesgo de que los gobiernos implementen políticas de choque para mejorar la economía que den la espalda a reducir los gases de efecto invernadero. Estas medidas provocarían un efecto rebote y, después de la cuarentena, podrían aumentar las emisiones.

Sin embargo, las medidas de contención se están alargando más de lo espero en varios países europeos. A pesar de que se espera que se levanten los estados de alarma, no se prevé una vuela a la rutina hasta dentro de muchos meses. Tiempo durante el cual las emisiones seguirán sin llegar a los niveles de antes del coronavirus. ¿Será tiempo suficiente para revertir los daños al medio ambiente.

“La caída de las emisiones será de corta duración, a menos que la respuesta a la pandemia desencadena los cambios necesarios para encaminarnos hacia la neutralidad climático”, dijo Kaisa Amaral, portavoz de la ONG internacional Carbon Market Watch. Y descartó un escenario en el que se pueda llegar a una ‘recuperación’.

Algunos estiman que la caída anual de las emisiones globales este año podría ser de alrededor del 5.5%. Sin embargo, ni siquiera se acerca a lo que se necesita para encaminar al mundo para mantener el calentamiento global por debajo de 1.5 grados. Las emisiones de CO2 tendrían que caer un 7.6% anual para eso. Además, incluso si estamos reduciendo nuestras emisiones, se espera que la cantidad de carbono en la atmósfera aumente nuevamente este año”.

Algunos gobiernos implementarán medidas para conseguir una rápida recuperación económica sin tener en cuenta la emergencia climática, aunque los expertos que, a la larga, esta táctica será contraproducente.

Un estudio publicados por la revista Nature Communications arrojó que, si los gobiernos no implementan medidas para evitar que la temperatura media global aumente de 1.5 a 2 grados respecto a los niveles preindustriales, se podrían perder beneficios por un valor de entre 149.78 y 791.98 billones de dólares hasta 2100.

“En otras palabras, el fracaso del mundo para cumplir los objetivos climáticos haría que los beneficios se desvanecieran”, declaró a la Agencia SINC Biying Yu, investigador en el Centro de Investigación de Política Energética y Ambiental del Instituto de Tecnología de Beijing, en China.


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