
Por: Arnaldo Coro Antich
Hay consenso entre los expertos… las máquinas computadoras, sean de escritorio o portátiles, se hacen cada vez más complejas y consiguientemente más costosas. Pero no es menos cierto que para muchas personas, el uso de las computadoras se limita a varias funciones básicas, tales como escribir con un procesador de textos, abrir la cuenta de correo electrónico o navegar por las redes informáticas.
Es también un hecho conocido que para los adultos en el grupo de edades a partir de los 40 años, el aprendizaje de la computación ha sido, en el mejor de los casos mediante breves cursos, más bien cursillos en los cuales se enseña lo mínimo para poder operar la máquina. El resto del aprendizaje para los mayores de 40 se realiza mediante interminables horas frente a la pantalla y teclado “divinando” como ejecutar determinadas tareas. Si a ese proceso le añadimos el poco hábito de leer las instrucciones y manuales de los programas de computación, veremos porque razón se hace imperativo un proceso coherente de simplificación para hacer que las máquinas sean más amistosas al usuario.
¿Necesitarías un avión supersónico para ir al otro extremo de la ciudad?
Se trata de un símil muy útil para estudiar lo que está ocurriendo con las computadoras utilizadas por la generalidad de las personas. Veamos un ejemplo presentado recientemente en una conferencia técnica…
El experto que expuso el trabajo, fue describiendo las prestaciones de una típica máquina de escritorio, de las que podemos encontrar a diario en oficinas, laboratorios y en nuestros hogares.
Describió un equipo que poseía un procesador con una frecuencia de operación de 3,2 giga hertz, contaba con una memoria de acceso aleatorio de 2 giga hertz, así como con un disco rígido, también conocido como ¨disco duro¨ de 160 giga bytes.
Afirmó entonces que estas máquinas estaban ubicadas en los despachos de las secretarias de una empresa que había solicitado realizar el estudio acerca de la racionalidad de sus redes de computación digital.
Y ahora viene lo bueno…
Con una pícara sonrisa, el joven ingeniero especialista en informática, comenzó a enumerar todas las tareas que ejecutaba la secretaria típica de dicha entidad, comenzando por la obligada lectura diaria y respuesta a los mensajes de correo electrónico, el elaborar e imprimir cartas, mantener al tanto la base de datos con las direcciones y localización de los contactos de trabajo, así como el realizar búsquedas mediante un navegador en las redes a las que tiene acceso.
Por supuesto que mencionó también con otra sonrisa un poco más burlona, como el primer resultado del diagnóstico solicitado por la empresa, había sido la recomendación de borrar de los discos duros de todas las computadoras los juegos , especialmente los de cartas como el solitario, así como bloquear determinadas direcciones IP a las que no era necesario tener acceso.
Y como colofón de la primera parte de su detallada exposición, utilizó la frase que hizo reír a carcajadas al auditorio… “¿Necesitarías un avión supersónico para ir al otro extremo de la ciudad?”, explicando que era exactamente lo que estaba ocurriendo al emplear computadoras de altas prestaciones para realizar tareas de rutina, que pueden ejecutarse en máquinas mucho más sencillas y por supuesto menos costosas.
Y así llegaron a esa empresa “los clientes ligeros”
Unas semanas después de completado el estudio, comenzaron a ser instaladas en la empresa las primeras diez computadoras conocidas como “clientes ligeros”, conectadas con un servidor dotado de las aplicaciones informáticas realmente necesarias para el trabajo en ese lugar.
La primera característica de esos ordenadores simplificados es que no poseen disco rígido, trabajan con mucha menos memoria de acceso aleatorio, y por supuesto que consumen mucha menos energía eléctrica, además de generar menos calor y por lo tanto reducir la carga térmica de los equipos de climatización.
En segundo lugar, y como es de suponer, cuestan mucho menos que una máquina convencional, lo cual es un elemento también muy importante a tener en cuenta.
Para el usuario de un “cliente ligero”, el trabajo con la computadora es idéntico al que realiza con un equipo individual, es decir que el uso de esta tecnología es absolutamente “transparente al usuario”.
Cada usuario cuenta con su propia clave de acceso, y contraseña para entrar al servidor que atiende a los clientes ligeros conectados al mismo, por lo cual no solo existe un buen factor de seguridad, sino que además en caso de rotura de un equipo, el usuario puede entrar al servidor desde cualquiera de las máquinas restantes.
Reubicadas las máquinas de altas prestaciones técnicas donde realmente se necesitan, haciendo mucho más racional su utilización.
Aplicando la lógica más elemental, las máquinas sustituidas por las de tipo “cliente ligero”, fueron reubicadas en donde realmente se necesitan, haciendo una utilización mucho más racional de esos recursos, y contribuyendo también a disminuir el gasto de energía eléctrica de la entidad, pues estos equipos más sofisticados se emplean durante menos horas por día.
En la práctica, la introducción de los “clientes ligeros” es un paso altamente coherente en el uso racional de los recursos de cómputo, que debe ser seguido de cerca y evaluado con el propósito de poder aplicarlo en donde quiera que sea posible.
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