¿Crisis financiera o Crisis ecológica?

Por: Roberto Palmitesta D. La naturaleza es más importante que el dinero. La humanidad puede vivir sin dinero, pero no podemos sobrevivir sin la naturaleza y los recursos que provee. Algo no sólo para reflexión sino para acciones oportunas de parte de gobiernos, grupos ecologistas y, particularmente, los ciudadanos conscientes.

En estos días en que arrecia la crisis financiera de las principales potencias económicas, toda la atención se vuelva a ese fenómeno por su urgencia, olvidando de que hay otra crisis más importante. Se trata obviamente de la crisis ecológica, que tarde o temprano amenazará nuestra calidad de vida y podrá reducirla drásticamente a niveles insospechados…si no se tiene la visión de futuro para atacarla desde ahora. Pero, como de costumbre, lo urgente tiene prioridad sobre lo importante.

Las razones para una actitud más amigable con el ambiente son muy variadas y están detalladas en el último informe del Fondo Mundial para la Naturaleza o World Wildlife Fund (el WWF con el icono del panda) dedicado desde hace varias décadas a proteger los últimos vestigios de biodiversidad que nos quedan dada la vasta destrucción ambiental realizada irresponsablemente en las últimas cuatro décadas.

Dicho informe –titulado Planeta Vivo 2012”- está dirigido a llamar la atención de la inminente conferencia cumbre “Rio+20”, que tendrá lugar en Brasil a mediados de junio y donde acudirán cerca de un centenar de líderes mundiales para discutir y buscar soluciones a los problemas más urgentes de la humanidad, en el mismo estilo que la famosa “Cumbre de la Tierra” sostenida hace exactamente dos décadas. El informe, realizado por renombrados expertos en el área ecológica, expone de entrada un hecho muy preocupante: la biodiversidad en el mundo se ha reducido en alrededor de un 30 % desde 1970. En otras palabras, la naturaleza ha sufrido un duro golpe en aras de un supuesto “progreso” material que promueve el derroche de recursos naturales, ante la mirada indiferente y cómplice de las naciones.

Para precisar un término que puede parecer algo abstracto, la biodiversidad es el conjunto y variedad de seres vivos tanto vegetales como animales, necesarios para sostener un planeta con un ambiente apropiado para una buena calidad de vida de los humanos. Obviamente en este ambiente habría que incluir tanto los elementos biológicos para la supervivencia (alimentos vegetales y animales, líquidos) como los necesarios para nuestra respiración y limpieza (aire sano, agua pura) y nuestro bienestar espiritual (ambiente limpio y estéticamente agradable).

En el informe del WWF se evalúa la salud de todos los ecosistemas, señalando la lamentable extinción de muchas especies y la criminal deforestación sufrida por el planeta. En efecto, en ese periodo se constató la extinción de 905 de las 45.000 especies existentes a mediados del siglo XX, mientras otras 17.000 (el 37%) están actualmente en peligro de extinción. Por otra parte, en ese período se ha destruido cerca de la mitad del área de los bosques tropicales, talando árboles convertidos en madera para pulpa de papel, construcción de viviendas o calefacción, o para convertirla en terrenos para siembra. Por sí solas, estas cifras debería alertar al mundo sin distingo geográfico, ya que afecta a todos por igual por su implicación sobre el calentamiento global, en vista del efecto depurativo de la vegetación, que convierte el CO2 en oxígeno a través de la fotosíntesis.

Aparte del impacto de esta destrucción forestal y la dolorosa extinción de especies, el WWF se ha dedicado a medir el impacto ecológico de cada país, llegando a la conclusión de que los más ricos son los que han dejado una mayor huella debido a su exagerado consumo de todo tipo de recursos, sean vegetales o minerales. En ese grupo están tanto los más industrializados de América del Norte, Europa y Asia Oriental como los países petroleros del Golfo Pérsico-Arábigo. Curiosamente se incluye a Dinamarca en ese grupo, a pesar de ser un país que está haciendo grandes esfuerzos en materia ecológica al utilizar en forma creciente la energía eólica para la generación de electricidad. La razón es sencilla: es un gran importador de productos manufacturados, lo cual propicia el uso de recursos en otros países para la producción de los mismos. Los perdedores son, obviamente, los países pobres, que contribuyen con sus materias primas sin mejorar sustancialmente su propia calidad de vida, ya que los bienes logrados por esa explotación se distribuyen en forma poco equitativa. Lo más impactante es la apreciación del WWF es que los países ricos dejan una huella ecológica cinco veces más pronunciada que los menos desarrollados, en su afán de mantener un estilo de vida cómodo y dispendioso, pues para ello se desperdicia cerca del 30 % de los alimentos –con la consiguiente obesidad relativa de la mitad de su población- mientras más de un millardo de seres pasan hambre en el mundo.

Junto con los recursos alimenticios del planeta, que serían suficientes para todo el mundo si se aprovecharan bien, el WWF advierte de la creciente crisis del agua potable, pues mientras 1,3 millardos de seres humanos no tiene acceso fácil a este vital liquido, más del doble de esa cantidad sufren la falta del mismo al menos un mes al año, sea por la mala administración del recurso hídrico (falta de inversiones y mantenimiento) como por el desperdicio del agua potable en las viviendas, comercios y fábricas, o el derroche en los sembradíos, donde se consume cerca del 70% del agua pura disponible. Nuevamente, con un uso prudente y adecuado de los recursos hídricos actuales, nadie debería padecer de sed ni falta de agua pura para su higiene o siembra. De todos modos, con el importante incremento poblacional experimentado recientemente –que ha visto duplicar la población mundial a 7 millardos desde 1970-, una crisis del agua es inevitable a mediano plazo, afectando la salud y la alimentación de grandes contingentes de seres, a menos que se estabilice gradualmente la tasa de natalidad a un crecimiento cercano al 0 % con prácticas apropiadas de control.

El documento enfatiza que, si no se concede suficiente atención a los problemas ecológicos, la humanidad atravesará crisis más graves en las próximas décadas. Así el WWF señala que con el evidente declive en la biodiversidad y la creciente huella ecológica promedio de las sociedades actuales, el planeta se verá en serios problemas tanto en el área social y política como en la financiera y económica. Lo conveniente, entonces, es cambiar de una actitud consumista a una conservacionista, y apuntar en todo momento a tener sociedades sustentables, o sea no consumir más de lo necesario para una vida digna y evitar toda pérdida de biodiversidad y de áreas selváticas, mientras se atiende con más efectividad las carencias –de alimentación e hídricas- que sufren en muchas partes del mundo, especialmente en las zonas pobres de países en desarrollo. Para llamar la atención en la urgente crisis ecológica mientras todos se preocupan por la financiera, el informe enfatiza al final esta frase lapidaria: “La naturaleza es más importante que el dinero. La humanidad puede vivir sin dinero, pero no podemos sobrevivir sin la naturaleza y los recursos que provee”. Algo no sólo para reflexión sino para acciones oportunas de parte de gobiernos, grupos ecologistas y, particularmente, los ciudadanos conscientes, que podrían reducir significativamente el consumo de recursos energéticos y materiales si se dan cuenta de los peligros potenciales que enfrenta la ecología del planeta.

rpalmi@yahoo.com

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