Cuatro razones para salvar la biodiversidad

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Primera cuestión.  ¿Qué es la biodiversidad?.  Respuesta: la variedad o diversidad de seres vivos que pueblan este planeta. El término, hoy de uso común, lo acuñó W. G. Rosen en 1985 y ha calado con fuerza ayudado por las circunstancias adversas. La siguiente pregunta en estos tiempos de extinciones masivas -la sexta en la larga historia de la Tierra- es ¿por qué hay que luchar por preservar la biodiversidad? Porque la variedad biológica es el patrimonio “más valioso” atesorado a lo largo de millones de años.

La ciencia ha catalogado hasta ahora entre 1,5 y 2 millones de especies de animales y plantas pero se cree que podría haber más de 5 millones repartidas por los ecosistemas de todo el orbe. Incluso esta cifra sería una minucia; apenas un uno por ciento de todas las especies que han habitado el planeta desde su formación. El panteón de las especies extinguidas por cataclismos climáticos, competencia con otras, epidemias es inabarcable y crece a ritmo exponencial desde que comenzara la hegemonía del ser humano.

Conoce cuatro razones de peso por las que la especie dominante, la nuestra, no puede permitirse perder a más compañeros de viaje. Resulta que la biodiversidad tiene un “enorme interés económico” para la humanidad.  Todo lo que comemos, el cien por cien, procede de especies vivas. Nos dan calor los combustibles nacidos bajo la corteza terrestre y los árboles. Un tercio de los medicamentos brotan en las selvas o en otros ecosistemas vegetales.

La vertiente crematística puede ser una condena o un salvavidas para la biodiversidad. ¿Acabaremos con la Amazonía? Dependerá de si comprendemos que es más rentable preservar su riqueza verde que deforestarla por un beneficio a muy corto plazo.

Al factor económico se suma el científico -“en la diversidad de hoy están las soluciones a los problemas de mañana”-, los motivos estéticos -la belleza intrínseca en todo ser viviente- y, por qué no, también el interés ético. Al fin y al cabo, todo lo vivo es el resultado de una historia que empezó hace 3.000 millones de años.

Cuando una especie desaparece el destrozo es irreversible. La ‘reencarnación’ espontánea de un genoma es factible, dicen los científicos, pero habría que esperar unos mil trillones de veces la edad actual del Universo. Lo dicho, no tiene vuelta atrás.

Heraldo