EcoARK, el edificio hecho con 1,5 millones de botellas de plástico. Conócelo…

“Yo odio el plástico y por eso creé esta empresa”. Así le respondió Arthur Huang, un joven empresario taiwanés a un grupo de periodistas en Costa Rica, mientras usaba una chaqueta azul que creó a partir de plástico reciclado.

Su compañía, Miniwiz, es revolucionaria, por decir lo menos, pues arrancó respondiendo algo que para todos es obvio: el plástico aún sigue allí. Después de más de ocho décadas de producción, este material que no se desintegra tan fácil aún está contaminando el planeta, y pasarán generaciones de humanos y el material continuará.

Por eso, Huang, un ingeniero estructural y arquitecto, fundó junto con otros socios de Taiwán (Asia) la compañía Miniwiz, que compacta toneladas de plástico y otros materiales para construir escuelas, teatros, entre otras edificaciones.

El EcoArk es un edificio plástico y acero, está orientado al noreste para hacer frente a los vientos dominantes y por lo tanto proporcionar una ventilación; el techo está cubierto de módulos solares photovoltaïques.

El EcoARK pesa 50% menos de edificio conventionnel. Un panel externo de 2,8 m2 ~ pesa 63 kg y tiene una capacidad de carga de 345 kg m-27 (338 daN · m-2). Fue diseñado para resistir tifones y séismes, que no son raros los desastres naturales en Taiwán.

Es una descomunal obra que aúna arquitectura moderna e ingeniería del reciclaje. Como reza el título del post, tiene el orgullo de ser el edificio más grande del mundo construido con botellas de plástico.

El pabellón se organiza en tres plantas de altura y cuenta con un anfiteatro y un salón de exposiciones. Una cascada en la que se aprovecha el agua de lluvia, sirve para alimentar el sistema de aire acondicionado, además de ser un atractivo natural del lugar.

En Londrés (Inglaterra), Taipéi (Taiwán) y otras ciudades tienen hoy edificios con tecnología de punta, eficiencia energética, que reciclan agua y son sostenidos por toneladas de plástico que desperdiciamos a diario. Gracias a Miniwiz y sus máquinas, lo transforman y reciclan, así como otros materiales que poco se reutilizan, con lo cual evitan que vayan a parar a los basureros.Esto lo llama Huang ‘una economía circular’, pues al comenzar un proyecto en una ciudad les piden a sus pobladores que los ayuden a reunir el material, por el cual les pagan en dólares según la cantidad recolectada.

Por ejemplo, para una edificación en el Tíbet requerían 1,5 toneladas de plástico, que lograron recolectar en menos de 9 días gracias a la motivación de la gente.

“Yo me siento molesto por la producción de plástico y sé que con las edificaciones que creamos promovemos una parte de la solución a su desperdicio, pero el problema está en su utilización. Es difícil volcar al comprador hacia el consumo responsable. Para ello hay que apostarles a proyectos atractivos para que ellos se sientan interesados”, reflexionó este hombre que recién cumplió 40 años y los celebró dando una conferencia en el primer Congreso Latinoamericano de Sostenibilidad, Ecología y Evolución (SEE) en Costa Rica.

Según sostiene Huang, el problema radica en la producción y el consumo de plástico, por lo que para él, la generación de jóvenes es más consciente de lo que está sucediendo, y ello se debe intensificar con programas de educación y pedagogía sobre este flagelo que pone contra las cuerdas la sostenibilidad del planeta.

“Tenemos que entender que producir plástico es muy costoso, no solo al hacerlo sino al desecharlo. Perdura por el tiempo. No se va”, comenta el emprendedor.

A su proyecto se han unido promotores como Jackie Chan, el famoso actor chino, quien ayudó a convocar jóvenes de ese país para la construcción de un centro de entrenamiento para dobles de películas. “Lo que hicimos fue reunir los discos de DVD que no usaban y comprimimos el material para construir ladrillos, y con ello la edificación”, recordó Huang.

Este fue un ejemplo de renovación urbana gestado en Tianjin (China) desde el 2013, en un inusual punto de esa ciudad portuaria. Allí quedaba un predio abandonado, conformado por 15 salas de cine, un parque temático y un centro comercial. Para no derribarlos, se rediseñaron y reforzaron las estructuras existentes con el material reciclado.

Frente a las dudas que surgen a la hora de construir con plástico reciclado, explicó que es mucho menos contaminante que otras edificaciones, pues no dependen del cemento ni del pegante. Además, materiales como el vidrio pueden soportar prolongados periodos de exposición a una temperatura de entre 100 y 130 grados centígrados antes de descomponerse. En cambio, el plástico puede soportar hasta 200 °C.

El reto que les queda, dice Huang, es que con temperaturas altas, el plástico puede expandirse, “pero estamos abiertos a revisarlo porque, claro, esto no solo es un proyecto de diseño sino de estudio de estructura”, finalizó.

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