Ecología y religión

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Por: Alexander Bonilla D.
No podemos propiciar un cambio de actitud hacia los recursos naturales y el ambiente sino hay decisión política para modificar el aparato institucional y legal, para ajustarlo a las actuales necesidades del país. Pero tampoco podemos dejarle toda la responsabilidad al Estado y los políticos. Los ciudadanos, sin distingos de clase, las organizaciones comunales y los grupos religiosos, en especial los católicos, deben participar activamente para lograr mejorar el medio ambiente y aumentar la calidad de vida de todos.

Deseo referirme al papel de la iglesia católica en su función ecologísta, expresados en la Biblia, en el Documento de Puebla y recientemente por su Santidad Juan Pablo II al visitar el “Programa del Medio Ambiente de las Naciones Unidas en Nairobi.

La Biblia estipula que Dios creó todas las cosas y las confió al cuidado de los seres humanos. Pero este ser humano hoy día está destruyendo todas las cosas que le confío el Señor. Muchas de sus palabras se las ha llevado el viento. Por ello creo que urge revivir este claro mensaje de nuestros obispos hoy que vamos hacia un ecocidio en forma desenfrenda.

El Papa Juan Pablo II ha dicho “La explotación de las riquezas naturales debe realizarse de acuerdo con criterios que tengan en cuenta no sólo las necesidades inmediatas de las personas, sino también las necesidades de las generaciones futuras. Así, pues, la administración de la naturaleza, confiada por Dios al hombre, no debe guiarse por un interés corto o de miras egoístas, sino que debe considerar que todos los bienes creados están destinados al bien de toda la humanidad. El uso de los recursos naturales debe estar al servicio del desarrollo integral de las generaciones presentes y futuras. Los progresos en la esfera de la ecología y la creciente conciencia de la necesidad de proteger y conservar ciertos recursos naturales no renovables concuerdan con las exigencias de una administración bien “dirigida”.

También en su mensaje el Papa dice que debido al rápido desarrollo de la ciencia y la tecnología en los últimos tiempos, el medio ambiente se ha visto sometido a los más grandes cambios que nunca se haya producido.

Reconoce que la capacidad para mejorar el ambiente, así como para destruirlo aumenta año a año. Para él, el factor decisivo en última instancia es el hombre. Es el hombre junto con la ayuda de Dios, quien determinará su futuro.

Para su Santidad el fin último de la conservación es aumentar la calidad de vida del hombre, “para que la creación esté en la medida de lo posible al servicio de la gran familia de la humanidad”.

El Papa afirma que la respuesta a los problemas ecológicos debe ser a nivel local, nacional e internacional. En este sentido vislumbra la necesidad de la transferencia de conocimientos tecnológicos a los países en desarrollo.

Este bello mensaje ecológico, el Papa lo culmina repitiendo las palabras del Papa Pablo VI “EL DESARROLLO ES EL NUEVO NOMBRE DE LA PAZ”, es decir, proteger el medio ambiente es una forma concreta de promover la paz.

Sé que cuando se toca el tema religioso se expone uno a ser criticado y mal interpretado. Sin embargo, hace días sentía deseos de referirme a la proliferación de sectas que han surgido a lo largo, y ancho del territorio nacional.

Soy católico y respetuoso del principio: constitucional de la existencia de la libertad de culto, pero considero que no debería permitirse el desorden y la anarquía de muchos grupos religiosos o sectas que acaparan lugares públicos y céntricos irrumpiendo en la tranquilidad del descanso del ciudadano o en el silencio nocturno de barrios y pueblos sin la debida consideración para los no adictos al movimiento.

Es interesante notar como es en estas épocas de crisis cuando con más fuerza surgen las sectas, buscando capitalizar el hecho de que la gente no encuentra realizaciones en sus vidas. También podríamos argumentar que el pueblo vive de mitos, hecho de que la iglesia católica ha intentado eliminar (la desmitificación cristiana), para que de esta manera todos podamos entender realmente los principios de la fe cristiana. Pero de este fenómeno se aprovechan los impulsadores de sectas, que entienden que por más esfuerzos que lleve a cabo la jerarquía católica, todavía la gente cree en mitos. Así por lo general, grupos pequeños de extranjeros traen y venden mitos que son aceptados por muchos, diría miles, de costarricenses. Algo debe estar pasando en nuestra sociedad para que la gente busque escapes religiosos sin siquiera aveces comprenderlos, ni entender el carácter neocolonialista que representan.

No cabría pensar en una enajenación social, donde indirectamente nos intentan convertir en elementos pasivos para de esta manera mantener el orden establecido?. Si así fuera, ¿cómo podríamos salir adelante con la crisis que nos golpea y enfrentar el reto del futuro?