El agujero en la capa de ozono afecta la salud de la humanidad

A pesar de los esfuerzos realizados por la comunidad internacional para acabar con las sustancias agotadoras de ozono (SAO), el problema del adelgazamiento de la vital capa atmosférica continúa siendo una amenaza.

Cáncer de piel, cataratas, debilitamiento del sistema inmunológico, daño a los ecosistemas marinos que afectan la pesca y una menor vida útil de ciertos materiales como el plástico son algunos de los efectos que produce la mayor penetración de rayos UV a través de los agujeros de ozono, principalmente el que se forma cada año en la Antártida. A la fecha, según la Secretaría de Ozono de la ONU, gracias a la aplicación del Protocolo de Montreal, se ha logrado la reducción de más del 98% de la producción y la importación de SAO. Esto ha permitido que la capa de ozono “entre en un franco proceso de recuperación”. Con todo, los cúmulos de SAO liberados, que tardan años en degradarse, continúan devorando ozono y al pasado 9 de septiembre, el hueco sobre el polo sur que comenzó a formarse en agosto, medía ya 18,12 millones de km 2, según data publicada en el British Antarctic Survey Ozone Bulletin.

De hecho, los científicos estiman que sólo en el 2080 el espesor de la capa de ozono sobre la Antártida podría recuperar los niveles de 1950. Este año, como parte de las iniciativas para acabar con las SAO, la ONU ha propuesto centrar la celebración del Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono en la eliminación de los hidroclorofluorocarbonos (HCFC), gases presentes en aires acondicionados, equipos de refrigeración y aerosoles que además de destruir el ozono contribuyen a agravar el problema del efecto invernadero (calentamiento global) con una potencia 2.000 veces mayor a la del dióxido de carbono. Aunque menos dañinos que los ya en desuso clorofluorocarbonos (CFC), los HCFC son nocivos y la idea es buscar sustitutos. En este sentido, la ONU considera que esto representa una oportunidad para desarrollar nuevas tecnologías que resulten en beneficios económicos y ambientales.

TODOS PARA UNO A diferencia de lo que ocurre con el Protocolo de Kioto para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero; el Protocolo de Montreal ha probado ser un eficiente y eficaz instrumento de política internacional para atender un problema ambiental de grave repercusión mundial como el de la capa de ozono. Para Erik Quiroga, ambientalista y promotor de la creación del Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, esto se debe a que “logró poner de acuerdo a gobiernos, ambientalistas, industriales y científicos” sobre la necesidad de actuar en forma urgente. Otro acierto del Protocolo de Montreal fue la creación de un fondo multilateral, a través del cual los países en vías de desarrollo reciben financiamiento de los países más ricos para eliminar el uso de las SAO, mediante la conversión procesos de manufactura, capacitación de personal, pago de patentes y regalías sobre nuevas tecnologías y el establecimiento de oficinas nacionales de ozono. Pero para Quiroga también existe un factor de peso mayor que diferencia a Kioto de Montreal. “No es lo mismo vender petróleo que gases refrigerantes. Es un tema eminentemente económico y de intereses. Cuando los países desarrollados logren sustituir al petróleo como fuente de energía eficiente Kioto comenzará a andar”.