El edificio que se “come” la contaminación ya es una realidad

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Taipei, la capital de Taiwan está viendo crecer estos días a un nuevo inquilino en su skyline, la torre Tao Zhu Yin Yuan, también conocida como Agora Garden. Un diseño rompedor en forma de doble hélice, la promesa de ayudar al medio ambiente y el atractivo de la sostenibilidad la han puesto en la diana de los medios. La estructura es un compendio de las teorías de Vincent Callebaut, un arquitecto que promueve el aspecto ecológico en su disciplina.

A fin de año, cuando terminen las obras, la torre contará con más de 23.000 árboles que se distribuirán en los amplios balcones posibilitados por la forma de doble hélice. ¡La flexibilidad espacial es sinónimo de sostenibilidad!. Gracias a la vegetación que permite la estructura del edificio, este podrá absorber hasta 130 toneladas de emisiones de CO2 al año.

Cuando esté completamente terminado rozará los 100 m de altura, distribuidos en 20 plantas que albergarán un total de 40 apartamentos, con una estructura que será ecológica, sostenible y sismoresistente.

Cada planta posee 550 metros cuadrados de superficie totalmente diáfana. Entre los servicios con los que cuenta esta torre se incluyen una piscina con gimnasio, un helipuerto y varios niveles de estacionamiento de vehículos.

Su sostenibilidad se manifiesta, principalmente, por su densa vegetación. No obstante, además de ello integrará un sistema de reciclado de agua de lluvia, ascensores de bajo consumo eléctrico, suelos acristalados o placas solares, que en definitiva marcan las últimas tendencias en la Arquitectura Bioclimática.

En este sentido, sus 23.000 árboles y arbustos serán capaces de absorber 130 toneladas de dióxido de carbono (CO2) cada año. Pese a no ser una cifra extremadamente significativa, si se compara con la contaminación producida, sí que puede suponer un punto de inflexión que marque la tendencia de las nuevas edificaciones. Con todo ello, esta vegetación contribuirá a reducir las más de 250 millones de toneladas que se generan anualmente de este gas en la localidad asiática.
 

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El diseño encuentra inspiración en la estructura del cuerpo de un esquiador: el núcleo central de la torre es el cuerpo humano, la estructura reticular de cinco metros a partir de la planta 21 son los brazos y las mega-columnas a ambos lados son los bastones de esquiar”. Así define el arquitecto belga Vincent Callebaut su creación, la cual utiliza materiales reciclados o fáciles de reciclar para su construcción.

A la pretensión ecológica del edificio se unen un sistema estructural suspendido y uno de vigas Vierendeel (un sistema de vigas por cada dos pisos) que transfieren todo el peso desde los brazos (bastones de esquí) al cuerpo (núcleo central) y luego hacia abajo, a la fundación. El resultado es un diseño estructural único que combina mecánica y estética.

La torre Tao Zhu Yin Yuan representa con énfasis los preceptos de la arquibiotecnología, una combinación de varias disciplinas (arquitectura, biotecnología y tecnologías de la información y la comunicación –TIC-) creada por el propio Callebaut. A través de esta suma, el arquitecto se mueve, más allá de los planos, por dimensiones como “las formas, las estrategias y los ecosistemas”, apunta el creador y añade que de esta manera “la arquitectura se convierte en algo metabólico y creativo”.

 
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