En el día de la Tierra…

Por: Pedro Larrauri.  Cuando la Tierra (hoy se merece mayúscula) se formó en el espacio, hace unos 4.600 millones de años, ya estaban en nuestro planeta todos los materiales que ahora componen cada uno de nuestros cuerpos. Átomos, primero; y moléculas, después, fueron entremezclándose y animándose en formas cada vez más complejas, y una infinitésima parte de esos elementos están hoy unidos en mi individualidad, dándome la posibilidad de acariciar y besar a mi mujer y a mis hijas, de respirar, de escribir estas letras y de sonreír agradecido.

Dentro de unos años dirán (si es que alguien dice algo) que estamos muertos. Pero todos los elementos atómicos que han constituido nuestro cuerpo (pasados, presentes y futuros) seguirán en la Tierra: en el aire o en el agua, en plantas o en animales, viajando o estáticos… Y aunque cada una de esas piezas de nuestro yo ya no tendrá la conciencia pasajera ni podrá llevar a cabo las actividades superiores que han acompañado buena parte de nuestro ciclo vital, seguiremos formando parte de la Tierra.

El milagro de la vida tiene su comienzo en la formación de la Tierra, que también es un milagro en cuanto que inexplicable. Y ella mantiene nuestras vidas como una madre acogedora y amorosa. Nada es perfecto, no lo entendemos todo, y debemos acatar las leyes de la naturaleza nos gusten o no. No podemos hacer casi nada al respecto. El estoicismo es una opción.

Pero mucho de lo bueno o malo que han hecho, hacen y pueden hacer los seres humanos, para con los demás seres vivos y para con el planeta, sí que depende en gran medida de cómo organicemos y jerarquicemos nuestra sociedad humana.
Una buena política dirigida por buenos políticos sin duda alegrará a la Tierra, o al menos a más personas y seres vivos, que lo contrario. Y ahí sí que podemos hacer algo.

Y eso no solo será mejor para los seres humanos, sino también para todos los seres que conviven con nosotros navegando por el espacio a una velocidad increíble, montados en esta bola azulada. Podemos y debemos hacer algo; también por ella.

Hoy hemos decidido que es su día. Y como todos somos también la Tierra nos felicitamos mutuamente con gozo, agradecimiento y reverencia. Y nos regalamos un abrazo de hermandad