En Sur America llueve mas debido al cambio climatico y el agujero en la capa de ozono

Una de las conclusiones de un taller internacional de cambio climático que se realizó en Buenos Aires recientemente es que en el área metropolitana de esta ciudad y en toda la cuenca del Río de la Plata, llueve más a causa de la disminución de la capa de ozono y la emisión de gases de efecto invernadero. Se estima un incremento de más de 10 milímetros de agua acumulada por mes, en promedio, por año transcurrido, en las últimas décadas.

Especialistas de todo el mundo analizaron el tema en la Universidad Católica Argentina (UCA) y allí señalaron que, en especial entre primavera y verano, desde la década del ‘60 viene aumentando en la región del Río de la Plata y de sus afluentes (región pampeana y litoral argentino; sur de Uruguay, Paraguay y Brasil) el caudal acumulado de las precipitaciones. Del mismo modo, también se registra un secamiento en la zona central de Chile y un fuerte calentamiento de la Península Antártica y la Patagonia Austral. El director del Programa de Estudios de los Procesos Atmosféricos en el Cambio Global (PEPACG) de la UCA, investigador principal del CONICET y co presidente del taller realizado en la UCA, Pablo Canziani, contó a Clarín que varios trabajos internacionales realizados en los últimos 10 años coinciden en estas observaciones. Y explicó que el proceso de recuperación de la capa de ozono se iniciará en el transcurso de la presente década y eso posibilitaría una disminución de las precipitaciones, pero aclaró que eso también dependerá de la acumulación de gases de efecto invernadero.

“Si se reducen esas emisiones, los cambios observados se revertirían, pero si continúan en los actuales niveles, el incremento de las precipitaciones y el secamiento regional podrían profundizarse”, advirtió.

El ozono es un gas que forma parte de la atmósfera de manera natural. Cerca del 10% se halla en la tropósfera (la capa más cercana a la superficie terrestre), y el esto de la estratósfera. Esta mayor concentración es fundamental porque su función es absorber parte de la radiación ultravioleta del sol (RUV), que es dañina para la vida. La doctora en ciencias de la atmósfera de la UBA, Paula González, –actulamente cursando un posdoctorado en la Universidad de Columbia, Estados Unidos– elaboró junto a otros tres investigadores de Columbia, Lorenzo Polvani, Richard Seager y Gustavo Correa, un trabajo sobre este tema que fue publicado en la revista Climate Dynamics . Fue desarrollado en el marco de un proyecto de investigación que estudia diferentes aspectos de la variabilidad climática sobre el sudeste de Sudamérica y sus implicancias para la actividad agropecuaria, financiado por la National Science Foundation, una agencia del gobierno estadounidense que impulsa la investigación en Ciencia e Ingeniería.

Estos especialistas advierten que una de las principales particularidades de esta región es que se registró uno de los aumentos más significativos en las lluvias de verano del siglo XX en comparación con el resto del mundo. “Ese incremento en las precipitaciones tuvo impactos económicos y ecológicos muy importantes en la región porque favoreció una expansión de las fronteras de las zonas cultivables (en ciertos casos a expensas de la tala de bosques o de disminuciones en el área dedicada a la ganadería) hacia zonas que con anterioridad no contaban con suficiente lluvia”, afirma González.

En particular, observaron que ese aumento en las precipitaciones fue más intenso entre 1960 y 1999. Y que ese período coincide con la disminución en las concentraciones de ozono en la estratósfera por efecto de la actividad humana, como por ejemplo los clorofluorocarbonos (CFC), presentes sobre todo en los aerosoles, que transfieren cloro en la estratósfera y dañan la capa de ozono, al punto de formar un agujero durante el invierno y parte de la primavera.

“Algunos trabajos anteriores –destaca González– ya habían mostrado ese efecto y decidimos explorar más. Alternativamente, otro posible forzante de estos cambios son los aumentos en las concentraciones de los gases de efecto invernadero –como el dióxido de carbono, que se obtiene entre otras formas de la quema de combustibles fósiles–, asociados al aumento de la temperatura media, conocido como el calentamiento global”.