Ha hecho de la ecología una forma de vida

Jesús Lázaro está profundamente convencido de que existe una manera más natural de explotar el campo con buenos resultados, y esta convicción termina por calar en aquellos que asisten a sus charlas o hablan con él. Se resiste a relegar al olvido la manera en que nuestros antepasados trabajaban los pastos, los huertos, las viñas o las tierras de labranza. Él y su familia fueron pioneros en la Ribera del Duero en hacer de la agricultura ecológica su forma de vida, y también fueron los primeros en elaborar vinos ecológicos desde su bodega, ubicada en Adrada de Aza.

¿Qué es la agricultura ecológica y por qué la defiende?

Es una forma de vida, una filosofía, con sus contradicciones, porque hay que aplicarla en el mundo en el que nos ha tocado vivir, con coches, móviles… Pero se está demostrando que se puede trabajar la tierra sin consumos químicos y que a la larga es mucho más rentable. La agricultura ahora es insostenible, porque consume más kilocalorías que las que produce, y tarde o temprano la agricultura ecológica será una obligación más que una opción, por cuestiones económicas.

¿Qué se le exige a la viticultura ecológica?

Según la normativa europea, y resumiéndolo mucho, que no lleve ningún producto químico de síntesis. Están prohibidos los herbicidas, los abonos químicos, los fungicidas sistémicos, entre otros muchos, y está permitido el azufre y los abonos con estiércol orgánico de animales, así como la fitoterapia, preparados con hierbas como valeriana, cola de caballo, ortiga, salvia, que ayudan a combatir las enfermedades, y son plantas que se encuentran en las cunetas y ribazos de toda la zona. La salvia va muy bien contra el mildiu, por ejemplo, y la milenrama podría ser en el futuro un buen sustituto del azufre.

¿Un viticultor que quiera cambiar, encuentra fácilmente formación e información?

Sí. Cuando nosotros empezamos hace 13 años era bastante complicado. Tuve que acudir a un viticultor de Castilla-La Mancha, pero hoy hay muchos más cerca. Además la viticultura ha sido ecológica hasta hace cuatro días, empezando porque las viñas se plantaban donde se debía, en suelos pobres donde no se daban otros cultivos. Esto te quita el 80% de los problemas. Nuestros abuelos trabajaban sólo con el azufre y si venía una primavera muy lluviosa, un poco de caldo bordelés, nada más. ¿Qué hemos hecho para que parezca imposible hacer una agricultura ecológica? Olvidar y cambiar una trayectoria de muchos años por otra en interés de multinacionales.
Los temores de los viticultores suelen ser las enfermedades y las hierbas. ¿Es efectiva la viticultura ecológica en estos casos?
Sí, porque las hierbas se atacan con pases de cultivador entre las calles y con intercepas y otros sistemas. El herbicida te mata las hierbas y la flora microbiana del suelo, que sirve para alimentar a la fauna microbiana del suelo, que es la que consigue que nuestras viñas sean capaces de extraer las características minerales del terreno y podamos decir que es vino del terruño. No se puede hacer vino de terruño sin practicar agricultura ecológica. Si echas fungicidas matas hongos, pero también levaduras, y luego hay que recurrir a las artificiales, por lo que tampoco puedes presumir de vino de terruño. No hay que confundir vigorosidad con salud.
¿Cómo responde la gente a las charlas?
En general son receptivos. Lo que me preocupa es que buscan recetas. Pero vamos ganando adeptos, cada vez se inscriben más fincas en el Consejo de Agricultura Ecológica.

¿Qué opina de la viticultura biodinámica?
Nosotros llevamos practicándola en una finca desde 2003. Era la que peor punto de partida tenía y este año es la que mejor está. La biodinámica es difícil de entender como mera práctica agrícola, porque se basa en fuerzas que no vemos, como la energía. A mí me llevó ocho años empaparme bien del tema.
Lo que parece claro es que para practicar viticultura ecológica uno tiene que estar convencido.
Sí, porque si no, a la primera lo dejas. Estamos en una profesión que necesita paciencia. Hay factores que se pueden controlar, pero tenemos un factor fundamental, el clima, con el que no podemos hacer nada. No obstante, los resultados de la viticultura ecológica se ven enseguida, nos sorprende la capacidad que tiene el suelo para recuperarse.

Diario de Burgos