Invento permite recargar el móvil con el calor corporal del usuario

Wulf Glatz, cientifico de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (EPFZ), ha desarrollado un generador termoeléctrico económico de nueva generación que convierte el calor en corriente eléctrica. Como es capaz de funcionar a bajas temperaturas, el invento supone además una contribución sustancial para mejorar la eficacia energética.

La mayoría de los aparatos electrónicos emiten o despiden calor. Si esta energía térmica ya se recupera en los procesos industriales, todavía es muy poco explotada en las viviendas. Sin embargo, es posible reutilizarla especialmente gracias a la utilización de generadores termoeléctricos.

Los generadores termoeléctricos (TEG) convierten la energía térmica en energía eléctrica sin generar emisiones debido a las diferencias de temperatura entre una fuente de calor y la del ambiente. A pesar de la tremenda repercusión que ha tenido el invento, Wulf Glatz indica que la aplicación del nuevo generador a la industria del móvil no será práctica hasta dentro de cinco o diez años.

Para que esto sea posible tiene que haber una diferencia de temperaturas de unos 30 grados entre la persona que tiene el móvil y el lugar donde se encuentra. Ahora quizá sería posible con alguien que viva en Groenlandia o en Islandia. Un factor importante es el lugar en el que se viva.

Wulf Glatz ha elaborado un nuevo proceso de fabricación de generadores termoeléctricos, que consiste en depositar el material termoeléctrico directamente en una hoja de plástico, que es diez veces más barato que los procesos clásicos.

Como novedad, estos generadores son finos y ligeros y pueden así ser utilizados en superficies curvas. Desprovistos de piezas móviles, sólo precisan un escaso mantenimiento.

La verdadera novedad de estos generadores es que son más finos, más ligeros, requieren de menos materiales y como consecuencia resultan más baratos.

Por ejemplo, estos generadores pueden ser instalados en las viviendas para producir la electricidad a partir del calor emitido por la calefacción central, o también en los coches para alimentar la electrónica de a bordo gracias a los emisiones térmicas de los motores. En el caso del automóvil, supondría un ahorro del 10% de combustible.

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