La ciencia lo confirma; el olor a abuelo existe… y es menos desagradable que el de los jóvenes

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La ciencia acaba de darle sustento a uno de los desagradables mitos urbanos. Se trata nada menos que del “famoso” olor a abuelo. Sí, el aroma emanado por algunos representantes de la tercera edad responde a una interacción de glándulas y la degradación de la piel.

Por ende, el “olor a abuelo” ya no debe ser considerado una agresión, sino como una mera descripción de la realidad.

Un estudio del Monell Chemical Senses Center de la Universidad de Pennsilvania discriminó los olores emanados por el cuerpo en los diferentes rangos etáreos de las personas. Así se detectó que el cuerpo humano segrega sustancias y posee un aroma específico para cada momento de la vida.

De tal modo, el olor de los ancianos se produce a raíz de la interacción entre las glándulas ecrinas, sebáceas y apocrinas, responsables de segregar sudor, sebo y ácidos grasos que, al degradarse la microbiota (conjunto de microorganismos) de la piel, desprenden componentes volátiles como cetonas, alcoholes, aldehídos. Estos tres elementos son los que terminan por otorgar esa fragancia.

SEGÚN EL ESTUDIO, EL OLOR DE LOS JÓVENES ES MÁS FUERTE Y MÁS DESAGRADABLE QUE EL DE LOS ANCIANOS

Nuestros microbios dependen de factores como la salud, el seco, la dieta. Se puede decir que cada persona tiene su propio perfil de bacterias y esas intervienen en la producción del olor y evolucionan a lo largo de la vida.

Así y todo, la investigación comprobó ciertos factores que chocan con lo que muchos creían. Uno de ellos es que el aroma de las personas de mediana edad es mucho más fuerte que el de los ancianos. Incluso, el olor que puede llegar a emanar el cuerpo de un joven puede ser mucho más desagradable que el segregado por un abuelo.

La gente mayor pierde tanto el olfato como la producción del olor corporal.

Para realizar el estudio, se separó a los participantes en tres grupos: jóvenes (de entre 20 y 30), mediana edad (45-55) y ancianos (75-90). Los sujetos utilizaron una misma camiseta para dormir durante cinco noches seguidas y luego se tomó una prueba de olor de cada una de las prendas.

Después, eligieron a otro grupo de participantes para que olieran la ropa y dieran su veredicto. Las prendas que resultaron menos desagradables fueron, paradójicamente, las usadas por los abuelos.

PlosOne









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