
La energía del Sol es inagotable a nuestra escala humana. Levantemos la mirada al cielo. Empecemos a pensar en el sol como nuestro aliado.
Esta energía es la que hace funcionar a la Tierra. Calienta la atmósfera, los océanos y los continentes, produce los vientos, genera el ciclo del agua, permite crecer a las plantas y alimentar a los animales, e incluso (en períodos dilatados de tiempo) permite producir los combustibles fósiles, todo lo cual se traduce finalmente en que los seres vivos existamos y en que funcione nuestro sistema de vida y civilización. La cantidad total consumida para todas esas actividades es sólo 1/7.000 parte de la energía solar que incide sobre la superficie de la Tierra cada año.
La energía que alcanza a la Tierra durante una hora sobraría para todo el consumo energético de la humanidad durante un año. Estamos, pues, ante un problema técnico-científico pero de profundas implicaciones sociales, industriales y económicas. Si consiguiésemos capturar esa pequeña proporción de energía solar y transformarla en una forma energética útil tendríamos resueltos los grandes problemas actuales de la Humanidad.
La energía solar sobre los desiertos (que abarcan 36 millones de km2 de un total de 149 millones de km2 de superficie terrestre) podría resolver la crisis de hidrocarburos. Con el sol que cae en 6,000 km2 del desierto del norte de África se obtendría la energía equivalente a toda la producción de combustible de Medio Oriente.
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