La iglesia catolica y la ecologia

Por: Nicolás Parducci
La Iglesia católica, sensible ante los graves problemas que nos aquejan, promovió el simposio latinoamericano y caribeño ‘Espiritualidad cristiana de la ecología’, organizado por el Departamento de Justicia y Solidaridad del Consejo Episcopal Latinoamericano, Celam, y realizado recientemente en Buenos Aires, con la concurrencia de 16 de países de Latinoamérica y el Caribe, Alemania e Indonesia.

La Declaración final del simposio está dirigida a quienes tienen el poder de decisión, organismos multilaterales, académicos, empresarios, comunicadores, líderes de organizaciones sociales, comunidades cristianas y a los pueblos. Por lo tanto, también a nosotros, usted y yo.

Si le interesa puede encontrarla y revisarla en www.zenit.org/spanish/ entre las noticias del 29 de agosto del 2010. Se la recomiendo, pues es iluminadora y estimulante.

Como suele ocurrir en los documentos de la Iglesia católica, me parece que está presente la secuencia ver, juzgar y actuar, esto es: contemplar la realidad, confrontarla con la Palabra y la doctrina, para decidir qué se debe hacer para remediar la situación o enrumbarla mejor.

Por si acaso no pueda realizar la investigación que sugiero, anoto algunas líneas de acción propuestas en la referida declaración:

-Recuperar la actitud contemplativa para despertar en las personas y comunidades una conciencia sensible al cuidado responsable de la naturaleza, como lugar sagrado que provoca sensiblemente el descubrimiento de Dios para nosotros y las generaciones futuras.

-Impeler a la preservación de las cualidades que garantizan la prolongación vital y la riqueza de la biodiversidad en la Tierra.

-Orientar las tareas eclesiales, catequesis, predicación, celebraciones y más actividades pastorales, técnicas, académicas y profesionales a privilegiar la conversión ecológica como dimensión integral de la fe.

-Conocer mejor y acoger la sabiduría milenaria de los pueblos indígenas del continente, sobre todo de su experiencia de fe que nos permite aprender de su relación de armonía y comunión con Dios, los seres humanos, la naturaleza y los demás seres de la creación.

-Priorizar una economía de las necesidades humanas que sea justa, solidaria y recíproca y de políticas de desarrollo humano integrales que respeten el derecho de los pueblos y preserven las cualidades vitales de los ambientes naturales.

-Denunciar el impacto negativo de los megaproyectos económicos y de infraestructura, así como promover y exigir el monitoreo empresarial, estatal y civil, esclareciendo las situaciones ilegales e inmorales.

-Promover una cultura de la austeridad/sobriedad, sencillez y alegría como alternativa saludable, ecológica, tanto individual como colectiva, a través de la producción orgánica, ecoamigable, y el consumo responsable, el reciclaje, el uso adecuadamente aprovechado de bienes, y la educación por el respeto de la naturaleza, que posibilite condiciones presentes de justicia social y la vida de las generaciones futuras.

-Cultivar una actitud contemplativa, como camino de conversión personal que descubre a Dios presente en toda creatura, que no es tarea fácil pero esencial para una auténtica sanidad personal y ecológica.

Bastante para pensar y reflexionar.

¿Estamos en la onda o necesitamos una conversión ecológica? ¿Sería tan amable en darme su opinión?





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