ciudad parque

Paisaje se define como “cualquier parte del territorio tal como la percibe la población, cuyo carácter sea el resultado de la acción y la interacción de factores naturales y/o humanos”.

En atención a ello, el paisaje forma parte del patrimonio natural y cultural a proteger. Genera calidad de vida pero a la vez es un recurso para crear riqueza y empleo.

Combinar ambos aspectos debiera ser parte de las estrategias de desarrollo de las ciudades del mundo. Y es que estos cinturones naturales que rodean muchas ciudades se encuentran frecuentemente en un estado lamentable.

Las causas principales radican en que son áreas cuyas expectativas de urbanización les han llevado al abandono y a ser blanco de todo tipo de impactos.
Pero junto al afán incontrolable del ladrillo, se suma también el impacto de una explotación turística descontrolada.

El valor de un paisaje se mide en función de su grado de naturalidad. En los espacios protegidos, la naturalidad mínima presente es del 45% (por supuesto en estos espacios hay zonas que superan ampliamente ese mínimo, de ahí su alto valor ecológico). En el caso de los paisajes del entorno urbano, se considera que su nivel es muy alto cuando superan el 50% de naturalidad y alto cuando es mayor al 20%, siempre que esa naturalidad se extiende como mínimo a lo largo de una superficie de cien hectáreas. Por debajo de este porcentaje de naturalidad, se considera que se trata de un paisaje pobre.

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