Otra catástrofe de gigantescas magnitudes sacudió en silencio el pasado viernes el Golfo de México.

0001oil-spill

Más de 88.000 galones (más de 333.873 litros) de petróleo se derramaron desde una instalación de la petrolera Shell frente a la costa de Luisiana.

El derrame tuvo lugar a 90 millas de la costa de Luisiana. Varios grupos ecologistas, sin embargo, dijeron que este último derrame era otro ejemplo de por qué la perforación mar adentro debe ser prohibida.

“Es inaceptable que se permita que los derrames de petróleo se conviertan en algo habitual en el Golfo”, apunta Michael Brune, presidente de la ONG ecologista Sierra Club. “Hemos permitido que esta región sea tratada perpetuamente como una zona de sacrificios”.

La línea de flujo se conecta a cuatro pozos y a la plataforma de Shell, que flota en los mares de cerca de una media milla de profundidad en la zona del Cañón Verde del Golfo.

El Golfo de México es una de las zonas más castigadas por los vertidos de petróleo. El del pasado viernes se clasificó como “tamaño medio”, según un baremo creado por la Guardia Costera de EE.UU.

Desde 2012 se han registrado 147 vertidos involuntarios y, aproximadamente, 519.900 galones (más de 1.968.035 litros) de fuel han acabado en el mar, según cifras de la Oficina de Seguridad y Control ambiental, la agencia encargada de la perforación de pozos de petróleo en alta mar.

Los exámenes y análisis exhaustivos de estos vertidos, sin embargo, aumentaron desde el catastrófico derrame de BP en 2010, cuando una fuga estuvo emitiendo petróleo directamente al océano durante 87 días. Once trabajadores murieron y muchos más resultaron heridos cuando el reventón del pozo provocó que la plataforma Deepwater Horizon explotara y se hundiese. En total, más de 779.000 toneladas de crudo llegaron al mar, causando la mayor catástrofe medioambiental de la historia en esa zona.









COMENTARIOS

Recibe mas notas maravillosas como ésta

Suscríbete para recibir GRATUITAMENTE un resumen de nuestros mejores artículos.