Promover el consumo y la economía a largo plazo a expensas del medio ambiente no es una solución

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El Viernes Negro y el Lunes Cibernético en EEUU y ahora en nuestro pais son muy buenas noticias para las grandes cadenas de tiendas. Las enormes muchedumbres de consumidores, las largas colas y el sinnúmero de pedidos por Internet me recuerdan el frenesí de compras en China durante los feriados nacionales extendidos.

Los gobiernos de todo el mundo están empeñados de lleno en fomentar el consumo para propulsar el desarrollo económico. Para China, es también una forma de alejarse de una economía excesivamente dependiente de las exportaciones y ayudar a reequilibrar la economía mundial.

Todo esto puede tener un sentido de ser desde el punto de vista puramente económico. Pero si se mira desde la perspectiva de la protección al entorno ecológico, deja mucho que desear.

Como uno de los mayores emisores de gas de invernadero del mundo, China está bajo gran presión para que ponga coto a las mismas. El estímulo al consumo, empero, va en dirección contraria a este cometido.

Muchos chinos en ciudades se desviven por consumir al estilo estadounidense.

Por otra parte, no somos pocos los que nos quejamos de la contaminación ambiental, pero en la cotidianidad hacemos poco para contrarrestarla. Ya han desparecido aquellos hábitos tradicionales que daban cuenta de una vida frugal, como el uso continuado de bolsas plásticas para las compras, secar la ropa al aire libre, usar pañuelos de tela en lugar de desechables y ahorrar agua y electricidad. Hoy abusamos de los acondicionadores de aire en otoño, tomamos taxis cuando sería más conveniente y rápido acudir al transporte público, una bicicleta o, simplemente, caminar.

Desafortunadamente, los factores económicos neutralizan las preocupaciones ambientales.

El modo de vida que propiciaron nuestros padres y que generaba menos calentamiento global es considerado obsoleto y símbolo de pobreza.
Valdría la pena entonces mencionar que hace dos semanas, un informe del Fondo Mundial para la Fauna (WWF) arrojó que China está viviendo más allá de sus medios ambientales, consumiendo el doble de recursos que puede soportar.

Muchos podrían argumentar que el per cápita de emisiones de carbono de 1.300 millones de chinos sigue siendo bajo, al situarse en el 92o escaño mundial, según el Consejo de Defensa de los Recursos Naturales. Y no menos cierto es que muchas de las emisiones de carbono de China provienen de los países desarrollados, que han reubicado sus industrias en el país asiático. Sin embargo, el nivel de emisión de carbono del shanghainés promedio se sitúa ya entre los más altos del mundo.

A todos nos encanta decir cuánto amamos a nuestros hijos y nietos, pero hasta que no actuemos para dejar un planeta limpio a las generaciones futuras, no seremos más que un puñado de hipócritas egoístas.









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