Slow Food la antítesis de la Fast Food

El mundo en el que vivimos y los hábitos que adquirimos muchas veces confabulan contra nuestros deseos, tiempos y sentidos. Los tiempos de hoy en día nos encuentra comiendo rápido y amando rápido. En fin: viviendo rápido. Ir lento como el caracol. Al menos a la hora del almuerzo. Cambiar el sandwich a las apuradas encima de la computadora para detenerse a saborear una comida elaborada y libre de agroquímicos es una nueva tendencia que está tomando adeptos.

Existe un grupo de gente alrededor del mundo que notó este fenómeno y todos los días trabaja para concientizarnos sobre la vida que nos estamos perdiendo por correr hacia quien sabe dónde: son las personas que conforman Slow Food. Esta organización, con presencia en todo el mundo, comenzó en Italia y su misión nace como reacción a las cadenas de comidas rápidas, los fast food. A partir de ese modo de ingerir los alimentos, este movimiento propone otro tipo de experiencia relacionada con los sentidos, el conocimiento, el placer y finalmente, con la sociedad toda.

Promueve un tema vinculado al placer personal por la comida y a una recuperación de ciertos hábitos y costumbres alimentarias. Lo alimentario tiene que ir ligado a otra forma de vida: vivir más despacio, tener momentos para poder escaparse de la vorágine del mundo moderno, disfrutar.

Uno de los principales objetivos de Slow Food es proteger la biodiversidad. Por eso se oponen al uso de agroquímicos y transgénicos promoviendo la producción orgánica de alimentos. Además, trabajan para impedir la desaparición de comidas regionales que se ven amenazadas por la producción estandarizada de alimentos. El movimiento ha crecido porque la gente empezó a tomar conciencia de que es una filosofía de vida.

Bueno, limpio y justo
. Se trata del lema que caracteriza a esta forma de concebir un nuevo modo de vida donde el gusto y la diversidad son pilares fundamentales. Bueno se refiere a las bondades del alimento para nuestro organismo, debe ser benéfico en su composición. El concepto de limpio radica en una noción ecológica: nada que destruya la naturaleza y su equilibrio y haga mal a la salud puede ser considerado como tal. Debe ser un alimento limpio y noble para el ser humano.

Y lo justo se conecta con la forma de producción del alimento. Debe provenir de un campesino y sin un proceso industrial exagerado ni lleno de conservantes ni agregados.

Es así como esta filosofía también posee un lado socioeconómico. Se erige en la vereda opuesta a la explotación del pequeño productor y demanda precios razonables para el mismo. Se manifiesta en contra de las mega corporaciones que destruyen un esquema de producción para medianos y pequeños campesinos y son generadoras de pobreza.

La movida creció tanto que en algunos locales gastronómicos de Europa, por ejemplo, ya existe un sello “Slow Food” que garantiza que en ese comercio venden comida libre de transgénicos.

Quienes quieran sumarse, deberán bajar un cambio y tener en mente la lentitud del caracol, emblema de Slow Food.Este animal cosmopolita y prudente es un amuleto contra la velocidad, la exasperación, la distracción del hombre demasiado impaciente para sentir y gustar, ávido para recordar lo que recién ha terminado de devorar.

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