Un cambio de bombilla a escala planetaria

Por AMANDA DEL RÍO

En tan sólo cinco años, la producción de lámparas compactas fluorescentes (LFC) en China se ha triplicado. En EEUU su venta creció en cuatro años un 343%, en Europa occidental un 34% y en Europa del Este un 143%. Las naciones que más las usan son Japón y Alemania, donde llegan al 80% y 50% de los hogares respectivamente. Estos son algunos de los datos que refleja un reciente estudio publicado por el ‘Worldwacht Institute’.

Los cambios de actitud requieren de apoyo, o así lo han entendido países como Australia, que en 2007 se convirtió en el primer estado en prohibir la venta de bombillas incandescentes. Más de 40 países han anunciado planes para prohibirlas. A pesar de ser más caras, a largo plazo salen mucho más baratas. Veamos por qué:

Las LFC son mucho más eficientes que las bombillas tradicionales: usan un 75% menos energía y su vida útil es hasta diez veces mayor. Una sola bombilla de bajo consumo ahorra al año 20,49 euros y mayor será el ahorro según aumenten los costes de la electricidad. Duran entre 6.000 y 90.000 horas seguidas dependiendo de la marca y la potencia mientras que la incandescente tan sólo 1.000 horas seguidas. Es decir, durante su vida útil, ahorran hasta 90 euros respecto de las convencionales, según datos del IDAE. Y en la cuenta del CO2, sustituir todas las bombillas incandescentes de Estados Unidos por LFC podría prevenir 158 millones de toneladas de emisiones de dióxido de carbono, el equivalente a retirar 30 millones de coches de las carreteras. Cada bombilla sustituida supone 20 Kg CO2/año. ¡Ah! Y aunque sean fluorescentes se pueden apagar y encender cuantas veces se quiera sin que eso suponga mayor gasto, de hecho las LFC aguantan más encendidos y apagados que las tradicionales.

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