Una estación del metro de Madrid se climatizará con el calor y el frío de la tierra


Por: Andrea Perez

La estación de Metro de Pacífico, en Madrid, se convertirá durante este verano en la primera estación de la red capaz de generar su propia energía para la climatización de sus instalaciones gracias a un sistema de intercambio energético basado en la geotermia, que permite obtener calor y frío de la tierra.

La instalación ha supuesto una inversión de 700.000 euros, permitirá ahorrar hasta un 75 por ciento de energía y reducir en un 50 por ciento las emisiones de CO2.

En un futuro se puede extender al resto de estaciones, y en esta misma línea se inscriben otras medidas de ahorro energético implantadas por Metro, como la ralentización de las escaleras mecánicas cuando no son utilizadas para reducir su consumo, la colocación de cristaleras en los accesos de las estaciones para aprovechar la luz solar en la iluminación o la instalación de acumuladores en los trenes que permiten recuperar parte de su energía de frenada.

La energía geotérmica permite aprovechar el subsuelo como fuente inagotable de energía para generar tanto calefacción como refrigeración, ya que basa su funcionamiento en la capacidad de la tierra, a partir de una cierta profundidad, de acumular el calor procedente del sol, manteniendo una temperatura prácticamente uniforme a lo largo de todo el año.

El sistema funciona a través de un intercambiador de calor terrestre formado por un bucle cerrado que consiste en 32 tubos en forma de ‘U’ de polietileno de alta densidad introducidos a unos 150 metros de profundidad, ya que a esa profundidad la temperatura del suelo es de unos 15 grados y de unas bombas de calor geotérmico que ceden calor al suelo cuando funcionan como refrigeración y absorben calor del suelo mientras funcionan como calefacción.

Por el interior de estos tubos circularía un gel especial capaz de mantener unos determinados valores térmicos. Posteriormente, una serie de bombas de calor geotérmico se conectan a este intercambiador de calor para transferir el calor o el frío extraído del subsuelo al sistema de distribución (a los sistemas de ventilación), lo que permite hacer llegar a la estación la calefacción o la refrigeración en cada caso.

Este sistema presenta una serie de ventajas respecto a los sistemas tradicionales, como el ahorro energético y la menor dependencia del suministro eléctrico de la red. Se estima que por cada kilowatio de energía eléctrica consumida por este tipo de sistemas, se puede generar como mínimo 4 kilowatios de refrigeración o 4 kilowatios de calefacción.

Sin embargo, con los sistemas convencionales de climatización por cada kilowatio de potencia eléctrica se generan aproximadamente 2 kilowatios de calefacción o refrigeración. Esto supone un ahorro energético de entre el 50 y el 75 por ciento.

Además, en épocas intermedias, como la primavera o el otoño, se podría realizar enfriamiento gratuito impulsando agua de circulación por los colectores con un coste energético mínimo ya que no intervendrían las máquinas térmicas de producción. Este ahorro de energía permite a su vez la reducción en un 50 por ciento de las emisiones de CO2 y la reducción de la contaminación acústica, ya que no hay emisiones de ruido.

Por último, este sistema tiene unos bajos costes de mantenimiento y posibilita el incremento de la vida útil de las instalaciones.

Agencias









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