video conferencia

Hace algunos dias les presentabamos el ranking de las aerolineas mas “amigables” con el medio ambiente y colocamos la palabra amigables entre comillas porque no existe una empresa aerea amigable la industria de la aviación en si es contaminante, utilizan muchisimos recursos no renovables para poder llevar a cabo sus operaciones.

Pero como siempre decimos no todo está perdido, existen algunas soluciones tecnologicas muy sencillas y economicas que podrian ahorrar millones y hasta trillones de dolares en vuelos, ademas de millones de toneladas de gases contaminantes que no irian a la atmosfera si las usaramos y aprovecharamos.

Por: JAVIER CUERVO

La videoconferencia puede sustituir cualquier viaje de trabajo. Los anglosajones las usan más porque su cultura es menos táctil y menos gastronómica: aquí se prefiere viajar con cargo a otro, hacer comida de trabajo y estrecharse las manos o dar dos besos a las ejecutivas varias veces el mismo día.

En atención a opositores y aznares, Al Gore, apóstol del cambio climático, calculó lo que contamina su vuelo privado cada vez que da una charla anticontaminación y con el intangible del éxito de sus palabras dice salir ganando, pero el saldo es a favor porque le pagan grandes sumas por su presencia. Sin el papanatismo de hacerse la foto, los honores y otros tantos que se apunta la parte contratante, podría dar el mensaje por videoconferencia. Además, los anglosajones son muy celosos de su tiempo y lo llevan todo tasado: escalerilla de avión, traslado al centro de conferencias, cinco minutos de recepción, dos fotos por contrato, veinte minutos de charla, tres preguntas pactadas, regreso al aeropuerto.

Esto vale para Al Gore, para el Papa y para otros altos contaminantes. Hay que extender la videoconferencia a los G-20 (a los G-en-general) para que no se paralice por ´golpe de estados´ una ciudad y cada vecino sea considerado sospechoso de terrorismo por fuerzas policiales de ocupación. Eso despejará algo los cielos por los que se voló sin parar hasta 2000 en que no se ha hecho más que parar de volar. Hay un movimiento pendular entre que, por economía, pueda volar todo el mundo y que, por seguridad, no pueda volar nadie, entre que haya millones de personas por el cielo el lunes y el martes otros tantos queden en tierra, haciendo cola ante mostradores que no muestran nada.

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