¿Cómo afectará la crisis financiera y económica los esfuerzos para evitar lo peor del cambio climático?

Esta pregunta acecha en la conferencia de las partes de la Convención marco sobre cambio climático de Naciones Unidas (UNFCCC) que comenzó a sesionar en Poznan el lunes pasado.

La pregunta es crucial porque la concentración de gases de efecto invernadero (GI) en la atmósfera sigue aumentando y nada va a detener el incremento de la temperatura global promedio. Sin embargo, la crisis financiera y económica provocará una fuerte reducción en las tasas de crecimiento de las principales economías, lo que seguramente va a traducirse en un aumento más lento de las emisiones de GI. Eso podría parecer algo bueno, pero eso es sólo una apariencia.

La reducción de emisiones debido a una crisis o choque económico es real (véase las emisiones después del colapso de la ex Unión Soviética). Pero eso no es una solución al problema del calentamiento global. Por una parte, dichas reducciones son temporales y las emisiones regresan a la “normalidad” cuando la economía se recupera. Además, la menor cantidad de emisiones en algunos sectores podría verse más que compensada por mayores emisiones en otros ámbitos. Por ejemplo, supongamos que la pobreza rural crece en países más pobres. Los productores rurales marginales, que ya han sufrido una guerra sin cuartel (reducción de apoyo, apertura irresponsable), podrían intentar compensar la caída en sus ingresos expandiendo la superficie cultivada. Esto podría conducir a más deforestación y a la inyección de mayores cantidades de bióxido de carbono (CO2) a la atmósfera.

Quizás el vínculo más inmediato entre la problemática del cambio climático y la crisis tiene que ver con los recursos financieros necesarios para poder reducir las emisiones y para adaptarse a los efectos del cambio climático.

Las cantidades que deberán comprometerse para estabilizar y reducir emisiones dependen de las metas de reducción de emisiones. El secretariado de la UNFCCC calcula que si se desea recortar las emisiones globales en 2030 a un nivel 25 por ciento inferior al de 2000, se necesitan flujos anuales de 210 mil millones de dólares (mmdd). De esa cantidad, más de 64 mmdd deberán asignarse a las economías de los países subdesarrollados y el resto a los países ricos. Estos valores monetarios se expresan en dólares constantes de 2005 y corresponden al costo de recortar las emisiones globales anuales en unas 31.7 gigatoneladas (Gt) de CO2 equivalente.

A nivel global, los recortes en emisiones más importantes se encuentran en el sector de generación de energía y el del transporte, seguidos por construcción y agricultura. Por cierto, 99 por cientpo de los flujos financieros para el sector forestal deberá destinarse a los países subdesarrollados, en buena medida porque ahí habrá que hacer esfuerzos especiales para detener la deforestación. El cálculo de reducción de 31.7 Gt incluye una estimación del papel de los sumideros de carbono en los países subdesarrollados.

En el ámbito de la adaptación (al cambio climático) se necesitan otros parámetros y es más difícil calcular el costo del acomodo al nuevo entorno. Sin embargo, el Informe sobre desarrollo humano de Naciones Unidas señala que en 2015 se necesitarán 86 mmdd para proteger obras de infraestructura, adaptar la reducción de la pobreza al cambio climático y a la prevención de desastres.

Estos cálculos subestiman de manera importante los costos reales, pues sólo cuantifican las inversiones iniciales y no toman en cuenta los costos de operación. Claro, se puede decir que los rescates del sector financiero y los estímulos fiscales en el mundo desarrollado ya suman alrededor de 5 billones (castellanos) de dólares, cifra que hace palidecer los montos aquí considerados. Pero eso no hace desaparecer el problema. Tomando en cuenta que se trata de flujos anuales durante 20 años, se trata de cantidades importantes que deberán provenir del sector privado, del gasto público y de flujos de ayuda oficial a nivel internacional. La crisis hará muy difícil obtener los recursos financieros necesarios y seguramente nos hará perder, por lo menos, unos cinco años.

Los cálculos de la UNFCCC están relacionados con la meta de estabilizar el nivel de gases invernadero en la atmósfera en 450 partes por millón (ppm) de bióxido de carbono equivalente en 2030. Esa meta tiene muchas probabilidades de convertirse la referencia clave en las negociaciones para tener un tratado sucesor del Protocolo de Kyoto que expira en 2012. Pero muchos científicos la consideran insuficiente: el incremento en la temperatura global promedio asociado a esa meta supera los dos grados centígrados, lo que provocaría un aumento de hasta tres metros en el nivel de los océanos y una mayor frecuencia de eventos extremos debido a la variabilidad del clima. No sorprende que la nube negra de la crisis flote sobre Poznan.

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