¿Cuánto vale la vida de un pez?

Hace una semana amanecimos con la trágica noticia de la muerte en vano de más de 1.000 ejemplares de atún en aguas de la isla de la Dragonera en España, que si bien pertenecían a una especie que no está en peligro de extinción (bacoreta), y habían sido capturados de manera legal, fueron arrojados muertos al mar para evitar la sobrecarga de un barco pesquero.
Sin poner en duda la legitimidad de este hecho realizado por los pescadores, y dejando constancia de nuestro reconocimiento hacia la dificultad que entraña el duro trabajo que desempeñan y el esfuerzo que muchos de ellos han hecho para conseguir que todos respetemos el buen mantenimiento de nuestros mares y océanos, queremos aprovechar el interés que ha suscitado este asunto, que fue descubierto casi casualmente por miembros del club de buceo Siete Mares, para destacar la gran cantidad de peces que mueren al año sin motivo, y plantear si estas situaciones, que son supuestamente legales, no resultan, en realidad, dañinas.

Porque, seamos sinceros, ¿cuánto vale la vida de un pez para cada uno de nosotros?.Lo cierto es que el mundo actual está cada vez más acostumbrado a las grandes desgracias, que por repetidas, y por no afectarnos de pleno, nos parecen tristemente normales. Véase el reciente ejemplo de las más de doce millones de personas que están actualmente en peligro de muerte por hambre en el llamado Cuerno de África, o la catástrofe ecológica que tuvo lugar en 2010 en aguas del Golfo de México tras el hundimiento, y posterior vertido de la plataforma petrolífera Deepwater Horizon, propiedad de BP, que por aquello del déja vu, la gente asimila como males del destino que antes o después se olvidan.

Sin pretender hacer ningún tipo de paralelismo, la reciente muerte de esos más de 1.000 atunes es percibida por muchos como algo más o menos normal, ya que habían sido pescados de manera legal. «Son simplemente peces», dirán muchos. Pero, aceptando que exista la pesca, ¿no resulta al menos preocupante que al final sus capturas hayan sido totalmente inútiles y no sirvan para nada, ni para saciar el hambre ni para mejorar la economía de alguna familia balear o de allende los mares? Amén del daño que un suceso así puede hacer a la imagen turística del archipiélago si los turistas llegaran a asociar esas muertes a una posible contaminación de las aguas o a la poca sensibilidad ecológica de nuestra sociedad.

La verdad es que cada año mueren millones de peces sin cumplir el fin para el que son capturados. Por una parte se encuentran los ejemplares que las flotas de arrastre apresan, y que tras una segunda inspección desechan y arrojan al mar, ya muertos, por no cumplir la talla legal o por tener algún tipo de desperfecto que impide su venta. Eso es, una vez más, y supuestamente, legal, pero, ¿tiene sentido? Dentro de este marco cabe añadir todo el pescado que se queda sin vender en los mercados, y que termina su periplo vital en los contenedores de cada recinto.

Dicho esto, ¿no creen ustedes que deberíamos de ser más respetuosos con la vida y con la muerte de los seres vivos, intentando capturar únicamente lo necesario y, como justificación para los que no tengan claros los derechos de los animales, preservar así, al menos, el futuro del planeta y de las futuras generaciones?.

Por: ANTONIO GONZÁLEZ CLEMENTE. DIRECTOR GENERAL DE PALMA AQUARIUM

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