¿De qué están hechos nuestros políticos?

Por Aida Vila Rovira. Llega el final del año y con él una nueva cumbre climática internacional, esta vez en Durban, Sudáfrica. Después de que el año pasado se recondujera el proceso que había quedado en tela de juicio en la cumbre de Copenhague, la COP17 de Durban es el momento de cerrar temas esenciales para sentar las bases del nuevo régimen climático internacional.

Los últimos informes de los organismos científicos de Naciones Unidas confirman que es urgente actuar y multitud de estudios de instituciones especializadas constatan que hacerlo es equivalente a impulsar la economía, incentivando el ahorro, promoviendo el empleo verde y trazando el panorama de estabilidad regulatoria que demanda el sector empresarial. Tenemos la capacidad técnica para hacer frente a la crisis del clima y el número de ciudadanos y de grandes compañías mundiales que demandan mayores compromisos en este sentido crece cada día que pasa. Entonces, si todo son ventajas, ¿por qué no avanzamos más deprisa?

El principal obstáculo en la lucha internacional contra el cambio climático es la influencia de los grupos de presión de la industria más contaminante: los intereses económicos de un pequeño grupo formado por compañías del sector de los combustibles fósiles o de los sectores de más intensidad energética, con muy buenos contactos políticos a nivel nacional y un acceso privilegiado al proceso de negociación climática.

BASF, ArcelorMittal, Eskom o Shell son algunos de los nombres que aparecen en el informe de Greenpeace ¿Qué nos impide avanzar? La industria intensiva en carbono obstaculiza la puesta en marcha de la legislación contra el cambio climático, en el que se desenmascaran las estrategias de lobby sucio de este grupo de compañías que están poniendo la economía y el clima de todos al servicio de sus beneficios.

La financiación a los candidatos políticos menos progresistas, la creación y mecenazgo de instituciones negacionistas, la contaminación de la opinión pública son algunas de su técnicas… la imposibilidad de aprobar una legislación climática en año pasado en EE.UU. o la falta de consenso en la UE respecto al aumento de su compromiso de reducción de emisiones, algunos de los resultados.

Sin embargo, este movimiento está teniendo, también, consecuencias positivas: un creciente número de compañías que se desmarcan de las asociaciones empresariales que persiguen estos fines, tal como ha pasado en EEUU con Apple PG&E o Exelon escindiéndose de la Cámara de comercio o en la UE, con compañías de la talla de IKEA, Philips, Danone, Acciona, Mango, Google, entre otras han manifestado que no se sienten representadas por la patronal europea Business Europe, cuando se trata de clima.

Ya empezó la cumbre climática de Durban y, con ella, una nueva posibilidad de que nuestros políticos queden retratados: pueden seguir dejando que el lobby más sucio marque la agenda climática internacional o pueden hacer caso a la ciencia y proteger el clima y la economía del conjunto de la población. Con la opción que tomen será suficiente para ver de que pa$ta están hechos.

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