¿Las ciudades del futuro?

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Desde mediados del 2008 el arquitecto británico Norman Foster construye en el desierto de los Emiratos Árabes la ciudad de Masdar, una urbe casi mágica, como todas las cosas del fantástico mundo asiático, ciento por ciento ecológica. Usará solamente energía solar y se abastecerá de alimentos.

Por su parte, los japoneses el gobierno y ocho empresas de carácter privado anuncian la puesta en práctica del proyecto “FujisawaSustainable Smart Town”, en español más o menos Pueblo Inteligente y Sostenible, relativo a un modelo de ciudad “extrapolable a otras partes del Japón y del resto del mundo”, según sus gestores, que requiera una exigua parte de energía autoproducida a grande escala, como la térmica, la nuclear o la hidroeléctrica.
El propósito es construir 1.000 viviendas y mediano y pequeños edificios que albergarían a 3.000 personas.

En 2018 estaría listo este formidable ensayo habitacional, cuyas bondades fueron expuestas durante la feria de tecnología IFA de Berlín. Todos los elementos utilizables en dichas viviendas están pensados a partir de la eficiencia energética.
La semana anterior, la ONU reveló que la población mundial llegará en el próximo mes de octubre a 7.000 millones de seres humanos, la mayor parte de los cuales, alrededor de un 85 por ciento, habitarían las zonas urbanas, con el consiguiente aumento de la demanda de alimentos y de energía y la generación incontenible de “enorme cantidades de dióxido de carbono”, y esto aceleraría cada día más el cambio climático en el planeta.
Como hace más de veinte años lo pronosticó el presidente Alberto Lleras, de como ninguna otra cosa se estarían preocupando las nuevas ciencias sociales y la nueva tecnología como del pobre destino de la ciudad, “la ciudad sin remedio, la ciudad sin esperanza, la más bella creación de la imaginación humana, el mejor refugio de la especie en las épocas bárbaras”, según la apreciación del mismo Lleras.
Por: Carlos P. Eastman Barona. ¿Se encontrarán fórmulas, diseños, modelos, para la construcción de ciudades humanizadas, donde sea grato vivir, donde las generaciones que reemplacen a las actuales encuentren grato el mundo y propicio el ámbito para trabajar, amar y soñar?
Quién sabe. Hace pocos años el sabio historiador inglés Arnold J. Toynbee, preocupado por el bienestar del hombre en la ciudad futura, escribió y publicó un interesante libro, cuyas ideas podrían recoger los sociólogos, los arquitectos y, por supuesto, los políticos. Toynbee proponía que, ya que no parece posible detener el crecimiento de las ciudades, convertirlas en megalópolis, podrían éstas subdividirse en unidades que se basten a sí mismas, “y no más grandes que una parroquia”. Sería el sueño de regresar a “la aldea” de nuestros mayores pero con todas las facilidades que nos ha proporcionado la vida moderna. ¿Será esto posible, o apenas al ilusión de un sabio inglés, que a pesar de haber reformado la interpretación de la historia, continúa viviendo en cierta leyenda shakesperiana, la del sueño de una noche de verano?

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