¿Qué podemos esperar de Copenhague?

Por: Andrés Repetto

Los líderes mundiales se reúnen en la ciudad de Copenhague para definir el futuro de nuestro planeta. La conferencia de 192 países está planeada para crear un nuevo tratado mundial que nos preserve del calentamiento global, fijando metas concretas e impulsando millonarias inversiones tendientes a reducir el impacto del cambio climático. ¿Estará la dirigencia mundial a la altura de las circunstancias? ¿Podrán sentirse orgullosas las generaciones futuras?.

El gran día llegó. Durante dos semanas el mundo hablará de lo que sucederá en la cumbre de Copenhague, en la que se debatirá la situación climática actual y el futuro de la Tierra. Durante todo este tiempo todos nos sentiremos pasajeros de un mismo barco, que de acuerdo a científicos de todo el mundo, se hundirá irremediablemente como el Titanic si no hacemos algo urgente para corregir el rumbo.

Uno de los objetivos de este mega encuentro es evitar el calentamiento del planeta, para lo que se buscará establecer objetivos que controlen las emisiones de carbono y otros gases que causan el efecto invernadero, producidos por la combustión de energías fósiles como el petróleo, el gas y el carbón.

La otra meta será acordar cuánto deberían pagar los países ricos a los más pobres para acceder a tecnologías que les permita desarrollar energía limpia, muros de contención, sistemas de irrigación y otros proyectos destinados a contrarrestar el impacto del cambio climático.

La cumbre recién está en sus primeras horas de vida y ya son pocos los que apuestan a que sea un éxito. Este ánimo no tiene que ver con lo que pueda prometerse y firmarse al final del encuentro, sino por lo que en los próximos años pueda llevarse a la práctica.

Según numerosos científicos y expertos, desde el acuerdo internacional de 1997 para combatir el calentamiento global, el cambio climático empeoró las cosas. Los océanos elevaron su nivel en casi 4 centímetros y las sequías y los incendios forestales se volvieron aún más dramáticos. Para Janos Pasztor, asesor climático del Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon, “la ciencia más actualizada nos está diciendo que los problemas son más severos de lo que pensábamos.”

Desde que en diciembre de 1997 se firmó en Kioto, Japón, un acuerdo para reducir la contaminación por gases de efecto invernadero, el nivel de dióxido de carbono en el aire se ha incrementado un 6,5 por ciento. Hasta el año 2008 las emisiones de carbono por combustión de combustibles fósiles se incrementaron en un 31 por ciento.

Desde hace años los distintos paneles de expertos de la ONU vienen advirtiendo de la necesidad cada vez más urgente de modificar el rumbo. Muchos científicos llamaron la atención del planeta mientras nos preocupamos por problemas aparentemente más urgentes y cercanos. Ellos apelaron a todo tipo de advertencias -muchas de ellas más parecidas a guiones cinematográficos de cine catástrofe- para que tomemos conciencia de lo que está ocurriendo.

En los próximos días quienes representan a los habitantes de la Tierra tomarán una decisión que será fundamental no solo para nuestro futuro sino para el de nuestros hijos.

¿Se impondrán la política y los negocios de unos pocos o triunfará el bien común? El debate está en marcha y mientras esto sucede, la crisis ambiental no se detiene. La Tierra no nos espera.

Somos humanos y por ende el resultado de la cumbre de Copenhague ya parece predestinado. Cuando las sonrisas para la foto y los mega-operativos de seguridad queden atrás, como siempre se impondrá la verdad.

Si quienes tienen la enorme responsabilidad de estudiar cual será la reacción de nuestro planeta están en lo cierto, y si la cumbre defrauda con promesas vacías, no parece difícil imaginarse el escenario a un corto plazo. Siguiendo las advertencias de los especialistas, las crecidas de los océanos, las inundaciones, las sequías, los incendios, y las migraciones bíblicas serán un hecho irremediable.

Si el futuro -producto de no estar en el presente a la altura de las circunstancias- se presentara así, lo que deberíamos preguntarnos es ¿cuál será la reacción de los hombres?

¿Compartirán los que más tienen con los perjudicados por el cambio climático, o se levantarán más muros y los recursos escasos serán defendidos incluso por la fuerza?

Si todo esto no es más que una pesadilla y en la cumbre de Copenhague no se juega el futuro de la Tierra, me siento más aliviado. Todo habrá sido solo un mal sueño.
El financiamiento -miles de millones de dólares de manera inmediata y cientos de miles de millones de dólares anualmente durante una década- es el punto crucial para desbloquear un acuerdo que uniría a la comunidad global en un plan de amplios alcances para revertir el cambio climático.

En Copenhague, en las próximas dos semanas, los gobiernos tienen que alcanzar «la meta de una mayor reducción de emisiones y compromisos financieros específicos para ayudar a países pobres a adaptarse al cambio climático, así como realizar una conversión a una expansión económica con menos emisiones de dióxido de carbono”, dijo Yvo de Boer, principal funcionario de las Naciones Unidas en materia de clima.

Sudáfrica anunció el domingo que en los próximos 10 años reduciría sus emisiones de carbono en 34% y que para el 2025 esa cifra sería de 42%. «Esto convierte a Sudáfrica en uno de los astros de las negociaciones», dijo el grupo activista Greenpeace.

La decisión del presidente estadounidense Barack Obama de asistir a la conclusión del congreso de dos semanas, la cual tomó después de consultas telefónicas con otros jefes de Estado, fue considerada como una señal de que el acuerdo está cada vez más cerca. Originalmente tenía planeado realizar una escala de cinco horas en la capital danesa esta semana.

Más de 100 jefes de Estado y de gobierno han indicado que asistirán al último día o a los últimos dos de la reunión, lo cual convierte a Copenhague en la cumbre climática más grande y más importante de la historia.

Un estudio difundido por el Programa Ambiental de la ONU indicó que las promesas de las naciones industrializadas y los principales países emergentes son apenas inferiores respecto al recorte en las emisiones de gases de efecto invernadero que han solicitado los científicos, y que la brecha es más estrecha de lo que se creía.

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