A frenar la explotación petrolera en el Ártico

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Buenos Aires se ha convertido en los últimos días en el núcleo de las protestas contra las exploraciones petroleras en el Ártico. La semana pasada, un grupo de 35 activistas de Greenpeace ocuparon la plataforma de Shell en el Dock Sud, en la provincia de Buenos Aires, y colgaron un cartel en el que piden ayuda para frenar las exploraciones. «Ayúdanos a detener a Shell», pedía el cartel que los ecologistas, disfrazados de osos polares, colgaron sobre las torres de 15 metros de altura de la plataforma.

La asociación ecologista recuerda que Shell será la primera compañía petrolífera en realizar exploraciones en el Ártico y que, de no evitarse, otras empresas podrían sumarse. Para Greenpeace, las exploraciones de Shell «supondrían una grave amenaza para el ecosistema ártico», mientras que las reservas estimadas en el polo «apenas cubrirían tres años la actual demanda mundial de crudo».

La organización señala que, al igual que se firmaron tratados internacionales para proteger la Antártida, el otro polo requiere de la misma protección, pues se trata de un ecosistema altamente vulnerable y muy virgen, expuesto además a los efectos del cambio climático.

Riesgo de derrame

Greenpeace advierte de que podría empeorar la situación de especies que ya están amenazadas, como el oso polar. El mayor riesgo es la posibilidad de un derrame de petróleo. «Sería incontenible, no hay un plan de contención que pueda frenar la contaminación en una zona como esa», denunció el director de logística de Greenpeace Argentina, Leonardo Silva, en el diario Página 12. Aunque la industria petrolífera asegura que se trata de una tecnología muy segura desde hace década, cada cierto tiempo ocurre un accidente de alto impacto ambiental. Por ejemplo, el derrame de 780 millones de litros de crudos que se derramaron en la explotación del Golfo, que era, según la British Petroleum, la más segura del mundo.

La acción contra Shell se enmarca en la campaña internacional ‘Salva el Ártico’. En Inglaterra se bloquearon decenas de estaciones de servicio de la Shell y en Holanda una activista entró en la oficina de un directivo de la petrolera para exigirle firmar una resolución simbólica.

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