Alemania se aleja de la energía nuclear

nuclear

El accidente de Fukushima ha forzado al Gobierno de Angela Merkel a plantear el fin de la energía nuclear, que se hará efectivo a lo largo de la próxima década.

Nueve de los 17 reactores nucleares que existen en Alemania seguirán funcionando hasta 2022. Una de las siete centrales que ya se han desconectado permanecerá en la reserva hasta 2013 para casos de emergencia. Y hasta el 2018 ya no se volverá a desconectar ninguna central nuclear más. Pero tanto el partido socialista como los verdes y la izquierda creen que la salida de lo nuclear puede adelantarse a ese plazo.

Por: Carmela Negrete
De nuevo, Alemania anuncia su retirada de la peligrosa ruleta rusa de la energía nuclear y se convierte en el primer país industrializado en salir del paradigma nuclear, por segunda (¿y definitiva?) vez. La primera fue en 2001 con el Gobierno de socialistas y verdes. Ahora, tras la debacle electoral en la que el Gobierno conservador ha perdido puntos a favor del partido verde, las esperanzas son mayores, ya que en este momento ningún partido se opone a la salida de este modelo. Sólo hay discrepancias en el modo de hacerlo.

Ninguno de los dos partidos de la coalición de Gobierno (CDU y CSU) llevaba en su programa la salida de la energía nuclear; muy por el contrario, ambas formaciones decidieron en 2010 acabar con el plan de salida diseñado en 2001. Tras Fukushima, el Gobierno tomó la decisión repentina de parar varios reactores para llevar a cabo revisiones en profundidad de sus sistemas de seguridad. Mientras tanto, se vio obligado a importar energía generada en centrales nucleares francesas y checas. Alejada de la opinión pública, continúa la construcción de una central nuclear en Brasil subvencionada con dinero alemán y la empresa alemana de energía RWE tiene planeado construir una nueva central en los Países Bajos a unos 200 kilómetros de la frontera alemana cuya construcción costará al país vecino unos 5.000 millones de euros.

Trabajo radiactivo

Según un informe del periódico Suddeutsche Zeitung, muchas de las tareas en la centrales se están llevando a cabo por personas trabajadoras con contratos temporales. El Ministerio de Medio Ambiente calculaba en 2009 que unos 75.000 trabajadores tienen en Alemania un carné de radiaciones en el que se registran las dosis que reciben. Según datos del Estado alemán, en 2009 los 17 reactores de la república alemana daban empleo a unos 6.000 trabajadores. De forma externa, trabajaron en esos mismos reactores cuatro veces más: 24.000 personas. Alrededor del 90% del total de las dosis de radiación la recibieron los trabajadores temporales y los mecánicos.

El hecho de que los trabajadores externos realizan las tareas más peligrosas lo confirma el dato de que, en total y de media, los trabajadores propios recibieron una dosis de 1,7 sievert [dosis absorbida] al año (sv), mientras la media en los trabajadores externos fue de 12,8 sv.

Desde el partido de la izquierda, Die Linke, se ha propugnado un carné europeo de radiación, ya que la mayoría del colectivo trabajador externo opera en varios países, cuenta con diferentes carnés y puede sobrepasar la exposición a la dosis permitida al año.

Salir de la energía nuclear costará unos 40 millones de euros. RWE ya ha anunciado que va a denunciar al Estado alemán por pérdidas millonarias debidas al cambio repentino de opinión del Gobierno. Además, Alemania se quedará sin 20 de los 90 gigawatios con que cuenta su red eléctrica actual. El consumo energético habrá de bajar hasta un 10% y para ello se plantea invertir 1.500 millones al año para conseguir edificios energéticamente más eficientes.

Cuánto costará el cambio

De reducción de la producción no se habla más que en círculos alejados de la toma de decisiones. Una de las mayores luchas dialécticas está teniendo lugar en torno al coste real de la energía nuclear en comparación con el de las energías alternativas. Para el jefe de la compañía RWE, Jürgen Großmann, a quien la Unión para la Conservación de la Naturaleza y la Biodiversidad le concedió recientemente el galardón de “dinosaurio del año”, la energía ecológica es sobre todo muy cara. Por el contrario, los defensores de esta energía defienden que el coste asociado a la energía nuclear es mucho mayor.

Para conseguir el consenso que necesitaba, el Gobierno de conservadores y liberales creó un consejo al que denominó “Comisión Ética”. Designados a dedo, entre los 17 componentes no se encontraba ningún representante de la izquierda. Asimismo, la comisión da cabida a las dos religiones cristianas, católica y protestante, pero no invitaba a otras confesiones. Dicho grupo, encargado de aconsejar al Gobierno en la redacción de la nueva norma, fue muy criticado desde el principio. Dentro del mismo se encontraba también el sociólogo Ulrick Beck, autor del best seller La sociedad del riego. El escaso margen de maniobra de la comisión quedó de manifiesto cuando propuso crear una comisión independiente en el Parlamento y un foro nacional para la energía nuclear en el que pudieran participar las ciudadanas y ciudadanos y el Gobierno se ha negado a la creación de ambos. “La energía nuclear produce una nueva forma de hipótesis, porque algunas cosas no pueden ser probadas nunca en un laboratorio”, aseguraba Beck en una entrevista con el periódico Taz.

La basura nuclear

El Gobierno de Merkel ha comenzado la búsqueda por toda Alemania del lugar o lugares que recogerán los desechos nucleares. En Baja Sajonia, en el depósito provisional Asse, la antigua mina de sal ha presentado una serie de filtraciones a raíz de las cuales se ha decidido la clausura del centro y el traslado a otro lugar más seguro. El coste del transporte de cientos de miles de barriles será un gasto millonario que tendrán que asumir las arcas alemanas.

Beck, el sociólogo de la comisión ética de la energía nuclear, recuerda al respecto que las centrales nucleares no tienen seguros privados y que en el caso de accidentes, al igual que ocurre con una posible insolvencia de los bancos, es el Estado quien ha de responder, ya que ninguna aseguradora privada podría costear el riesgo incalculable de una central.

La nueva tumba nuclear aún no se conoce y aunque hasta el momento Baviera, la región mas rica de Alemania, se negaba a albergar desechos nucleares, ahora el Gobierno de este Estado ha retrocedido y permitirá la búsqueda en su territorio de un lugar en el que almacenar las toneladas de desechos radioactivos.

Aunque los verdes aseguran que, tras la salida de Alemania de la energía atómica, se potenciará el carbón y eso empeorará el cambio climático, el Gobierno ha señalado que sería muy caro, porque en ese caso debería comprar nuevas cuotas de emisión de CO2 en el mercado de emisiones de Gases de Efecto Invernadero creado después del acuerdo de Kyoto. Además, el Ejecutivo ha calculado que en 2020 el porcentaje de energías renovables en Alemania deberá ascender del 17% actual al 35%. Dónde se construirán las placas solares y los molinos de viento que harán posible el cambio es una cuestión que no responden ni conservadores ni verdes.

Como muestra, la empresa china LDK se ha mostrado interesada en la tecnología alemana. Su jefe financiero Jack Lai señalaba recientemente al semanario Der Spiegel que “la imagen y la tecnología alemana combinada con los precios de los sueldos chinos podría dar lugar a una marca líder a nivel mundial”.

Abastecimiento desde el sur

Uno de los proyectos más ambiciosos en materia de renovables es el proyecto Desertec, una idea futurista de ingeniería que consistiría en la creación de una gigantesca planta solar en el desierto del Sáhara, que se conectaría y distribuiría energía en Europa. En el proyecto participan bancos y empresas como Deutsche Bank, Siemens o energéticas como E.on, RWE o Abengoa Solar.

Las críticas a este proyecto apuntan a que se trata de una megainfraestructura frente a otros modelos de desarrollo menos centralizados, así como de un abastecimiento para las necesidades de países del Norte. En todo caso se trata de un proyecto difícil de llevar a cabo debido a las reticencias de algunos gobiernos, como el francés, y por la inestabilidad política de esa área del norte de África.

Lo que sí se contempla es que la industria de las renovables cubra con una fuerte inversión un 37% de las necesidades de electricidad de Alemania hasta el cierre de las centrales nucleares en 2022. Para llegar al total habría que esperar hasta 2050, según Siggi Achner, experta en eficiencia energética y colaboradora de Greenpeace.

Pero mientras se concreta cómo Alemania dejará de lado la energía nuclear, el carbón y el gas continuarán siendo fuentes de energía centrales en los próximos años. En Hamburgo, por ejemplo, se termina la construcción de una nueva planta de carbón que ha provocado numerosas protestas y que comenzará a funcionar en 2012, expulsando cada año unas 8,5 toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera.

Alemania se prepara también para cambiar el paisaje: se proyectan miles de molinos de vientos en las montañas, en la línea de la costa e incluso dentro del mar para garantizar el abastecimiento energético.

1 comentario en “Alemania se aleja de la energía nuclear”

  1. Pingback: Alemania se aleja de la energía nuclear | TravelSquare

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Ir arriba