Alerta Mundial: La concentración de gases de efecto invernadero alcanza su máximo histórico

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La concentración de gases de efecto invernadero -principal acelerador del cambio climático- en la atmósfera alcanzó nuevos récord históricos en 2011, reveló la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

La presencia de dióxido de carbono y de otros gases de larga duración con la propiedad de retener el calor son la causa del aumento del 30 por ciento del efecto de «reforzamiento radiativo», a partir del cual se explica el calentamiento del planeta.

La principal fuente de carbono en su forma de dióxido es la quema de combustible fósil, como petróleo y gas, y el uso de la tierra (deforestación de bosques tropicales y degradacion del medio ambiente).

Así, la concentración del dióxido de carbono se situó el pasado año en 390,9 partes por millón (ppm), un 40% por encima del nivel preindustrial. En los últimos 10 años fue creciendo a un ritmo medio de dos ppm.
Desde 1750, año en que comenzó la era industrial, la atmósfera recibió unas 375.000 millones de toneladas de dióxido de carbono, principalmente, debido a la quema del combustible mineral. La mitad de estas emisiones se quedan en la atmósfera, y la otra mitad es absorbida por los océanos y la biosfera.

Estos miles de millones de toneladas de carbono extra permanecerán en la atmósfera durante siglos provocando el ulterior calentamiento de nuestro planeta e influyendo en todos los aspectos de la vida en la Tierra.
Aunque detuviéramos las emisiones mañana, lo que sabemos que no es posible, tendremos estos gases en la atmósfera por miles de años, no sólo su concentración aumenta, sino que el ritmo al que lo hace se acelera cada vez más, de manera exponencial.

Peor aún, los científicos no pueden asegurar que el planeta seguirá teniendo la capacidad de absorber las cantidades de carbono y otros gases que también contribuyen al cambio climático, como ha sucedido hasta ahora.

Ya hemos observado que los océanos se están volviendo más ácidos como consecuencia de la absorción de dióxido de carbono, lo que puede repercutir en la cadena alimenticia submarina y los arrecifes de coral.

El dióxido de carbono es el más abundante de los gases de efecto invernadero de larga duración y su concentración actual representa un 40 por ciento más que en la era preindustrial, pero el metano y el óxido nitroso también juegan un papel en este fenómeno.

El primer gas ha sido responsable del 85 por ciento del «reforzamiento radiativo» en los últimos diez años, el metano ha contribuido en un 18 por ciento y el óxido nitroso en aproximadamente un 6 por ciento.

El 60 por ciento del metano -cuya presencia ha alcanzado un máximo sin precedentes con 159 por ciento más que a mediados del siglo XVI- proviene de los cultivos de arroz, la explotación de combustibles fósiles, vertederos o combustión de biomasa, así como de rumiantes, mientras que el resto proviene de fuentes naturales (humedales y termitas).

Entre las fuentes del óxido nitroso se encuentra igualmente la combustión de biomasa, así como el uso de fertilizantes y procesos industriales, y su presencia en la atmósfera supone hoy un 20 por ciento más con respecto al nivel preindustiral.

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