Alimento, energía y espacio vital: una mirada hacia el futuro


Por: Jorge Alfredo Luque. El mundo está cambiando vertiginosamente. No siempre está cambiando para bien. Mientras tanto, la especie humana continúa multiplicándose, pasando la cifra de 6.100 millones de habitantes y avanzando hacia la meta de 9.000 millones, para el año 2050. Y los tres requerimientos primarios básicos (alimento, energía y espacio vital) pugnan por mantener su presencia dinámica y satisfacer así las necesidades humanas.

La energía mueve el mundo y permite que el hombre siga produciendo… Y que siga estando. Pero aún, bastantes años antes de que culmine el 2050, las trescientos plantas atómicas del mundo, poderosas productoras de energía, ya serán obsoletas… ¿Y? ¿Cómo se neutralizarán? y, más aun, ¿cómo serán reemplazadas?. En lo que hace al segundo soporte, el alimento, creemos que el hombre sí se las ingeniará para poder producir la cantidad necesaria para los requerimientos de tanta gente. En este aspecto, la genética y la producción de fertilizantes adecuados han hecho maravillas.

La tierra; o, mejor dicho, el suelo ha de crear limitaciones, pero ello será, fundamentalmente, en razón del mal manejo que se está haciendo del mismo en algunas áreas del planeta. Soja sobre soja, todos los años, no es para nada aconsejable y habrá que pagar las consecuencias…

El espacio vital continuará existiendo, pero sólo en los continentes llamados a ser los territorios del futuro, como Sudamérica, Africa y parte de Asia, así como Australia. En Europa, ya no habrá dónde esconderse.

Por lo tanto, la verdadera limitante futura será, en primer lugar, la energía, a fin de poder continuar moviendo los mecanismos del mundo.

Pero el auto eléctrico será una realidad incontrastable y el uso de los combustibles fósiles será limitado, luego de tremendas pugnas entre intereses privados versus ecologistas y conservadores del medio ambiente.

Todo ello si antes el planeta Tierra acepta los abusos a que es sometido por los intereses y capitales privados y si el cambio global puede ser aceptado, primero, y absorbido, después; o sea, si la conjunción de los dos factores negativos primarios (el calentamiento global y el deterioro del medio ambiente), a pesar de estar conjugados, no logran desencadenar catástrofes significativas, sino sólo soportables por la especie humana. Tsunamis por un lado y grandes sequías por otro.

En el inventario, las partes bajas, zonas ribereñas, los deltas, etc., lógicamente, serán los primeros afectados. Grandes inundaciones serán más frecuentes.

Las megalópolis y/o ciudades perderán y pierden parte del aire oxigenado. El mundo civilizado en sí posee unos 600 millones de automóviles en uso y motores de explosión que consumen combustibles fósiles. Cada uno hace unas 200 aspiraciones mecánicas por segundo de alrededor de 500 centímetros cúbicos de aire, con un 20% de oxígeno que se resta a la atmósfera, y nos devuelve anhídrido carbónico que, en gran parte, queda retenido en esa delgada capa de atmósfera que rodea la Tierra toda. Al resultado de todo este proceso es a lo que se denomina empíricamente el «cambio climático».

El pulmón de América del Sur se llama Amazonas. Esta inmensa reserva parecería que es nuestro seguro. Pero la ruta Transamazónica está cambiando el panorama, pues sus requerimientos son un pueblo cada 50 kilómetros y una ciudad cada 150. Y para ello es que está avanzando la deforestación incontrolada; más aun: el proyecto de la gran presa amazónica del Alto Xingú también avanza y ello significará miles de hectáreas deforestadas y, como resultado de todo ello, se generarán riadas incontroladas en los ríos que, como el Paraná, nacen en las sierras de la Amazonia.

Y uno se pregunta por qué las naciones con mayor índice de contaminación y deterioro, como Estados Unidos, China, India, Rusia, Inglaterra y, de un modo general, todos, no se comprometen en serio en parar el tremendo deterioro global que están generando. Las razones que ellos esgrimen no las sabemos.

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