Auto eléctrico, sí; ¿para cuándo?

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Por: LAURA SÁNCHEZ NAVAS. Hace poco salió al mercado el primer vehículo completamente eléctrico «enchufable». Para mí fue ver un sueño de la infancia hecho realidad: el principio del fin de la contaminación del aire en las ciudades. El siguiente paso está en manos de nuestros dirigentes. Para terminar ese sueño se necesitan cientos, miles de puntos de carga en la urbe.

Es un esfuerzo inconmensurable para unos presupuestos aplastados por la crisis mundial, pero a pesar de todo, deberían hacer cuentas y pensar de una vez por todas en los ciudadanos: millones de personas murieron en el mundo el último año por enfermedades directamente producidas por el dióxido de nitrógeno y otros agentes contaminantes del aire producidos por los motores de los coches que usan petroleo y sus derivados para funcionar.

La cantidad ingente de químicos que escupen nuestros vehículos cada día es incalculable. Y muchos ciudadanos se escudan en la idea de que la producción de electricidad pasa por la quema de combustible fósil. Sin embargo, la diferencia entre lo eléctrico y la gasolina sigue dándole la razón al enchufe. Hagan números. Además, la ecuación de la enfermedad pulmonar y la muerte prematura es reversible. Más eléctricos equivale a menos gasto médico, mejor salud. Mejor vida. Señores gobernantes, hagan una apuesta firme por ello. No esperen a que se queme hasta la última gota de petróleo.

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