Cambio climático: razones para alarmarse

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En el proceso de cambios que se adelantan en la sociedad global, no se ha prestado la adecuada atención al interés planetario.

Ese actuar irresponsable está provocando graves daños a nuestra madre Tierra y siembra profundas dudas sobre la sustentabilidad ecológica del sistema de la globalización contemporánea, si no se aplican con urgencia eficientes correctivos a las perversas tendencias del deterioro medioambiental.

Es muy frecuente oír en los foros especializados la advertencia de que estamos en la ruta hacia un eventual caos ecológico de proporciones apocalípticas.

Expertos que han estado siguiendo el progresivo incremento de la temperatura de nuestro planeta -producto de la generación de los gases causantes del llamado efecto invernadero y de otras acciones provocadas por la irracionalidad de la conducta humana que contribuyen al deterioro ecológico- señalan que el riesgo se hace crítico para nuestra existencia. Si el aumento de la temperatura global supera los 2 °C, el daño sería incalculable, teniendo en cuenta que sólo entre 1906 y 2005 ese incremento fue de 0.74 °C. No obstante las acciones de alerta al respecto, considerando los alarmantes cambios que ya se han producido en nuestro medioambiente, la ocurrencia de fenómenos catastróficos en diferentes regiones del planeta es cada vez más frecuente.

En lo que va del presente siglo se han registrado varias calamidades vinculadas con el deterioro ecológico y las tendencias del calentamiento global. En diciembre de 2004, Indonesia sufrió el mayor tsunami de la historia producto de un terremoto de 8.9 grados Ritcher que causo más de 226 mil muertes. A finales de agosto de 2005, otro desastre natural -el huracán Katrina- azotó las costas de Luisiana y Florida en los Estados Unidos con vientos de 280 Km/h, provocando graves daños en esa región. Las pérdidas alcanzaron los 75 mil millones de dólares y un saldo de 1.836 muertes. En julio 2006, otro terremoto de 7.7 grados Ritcher causó un segundo tsunami en Indonesia (isla de Java), provocando cerca de mil muertes y 110 mil desplazados.

En 2002, la sequía generada por la tala indiscriminada ocasionó la muerte de 1.7 millones de personas debido a la falta de agua potable y enfermedades derivadas de las limitaciones del líquido vital. Por contraste, grandes inundaciones a finales de 2008, 2009 y 2010 fueron causantes de destrucciones masivas de viviendas, pérdidas de vidas humanas y millones de damnificados en la India, Mozambique, Vietnam, Laos, Camboya, Malasia y Tailandia. América Latina también ha sido sacudida en lo que va del siglo por terremotos y otros desastres ecológicos, entre ellos el devastador terremoto de Haití (2010) que causó 316 mil muertos, dejando sin hogar a 1.5 millones de personas. El último desastre ambiental de grandes proporciones ha sido el terremoto y tsunami de Japón en marzo de 2011, con una magnitud de 9.0 grados Ritcher y un maremoto con olas de más de 40 metros. Este último provocó cerca de 16 mil muertes y miles de millones de dólares de pérdidas en destrucción de infraestructura y viviendas. Es el quinto mayor terremoto de los medidos hasta el presente.

En reuniones internacionales de expertos en la materia se han promovido importantes esfuerzos para enfrentar las tendencias del cambio climático y del deterioro ambiental con sus preocupantes consecuencias. En la última década del siglo pasado, se reunió la denominada Cumbre de la Tierra (Río de Janeiro junio 1992) para promover un acuerdo global de reducción de gases de efecto invernadero. Luego se adoptó en 1997 el Protocolo de Kyoto con objetivos similares. En la primera década de este siglo, en los meses de marzo y julio del 2001, se realizaron la Cumbre de Trieste y la formalización del Protocolo de Kyoto en Bonn. Múltiples esfuerzos medio ambientalistas se intentaron en las reuniones de Nueva Delhi (2002), Milán (2003), Buenos Aires y Canadá (2005), Nairobi (2006), Bali (2007), Copenhague (2009), Cancún (2010) y Río+20 (2012. Inexplicablemente, todos ellos, sin resultados muy satisfactorios.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas -acrónico en inglés Ipcc- en su ultimo informe sobre el cambio climático y sus efectos en la humanidad, ha expuesto señalamientos críticos sobre los pocos avances alcanzados hasta ahora para combatir el deterioro medioambiental y enfrentar sus consecuencias.

Según estos expertos hay muchas razones para preocuparse, ya que de mantenerse las tendencias actuales, la humanidad podría enfrentar en pocos años mayores tragedias de las sufridas hasta el presente. En el informe se señala que los efectos del cambio climático sobre la producción agrícola van a ser peores que los estimados anteriormente, pues generaran grandes hambrunas, especialmente en los países más pobres debido a drásticos aumentos en los precios de los alimentos y a la disminución de la producción causada por fenómenos meteorológicos extremos. Se alerta además que, de no aplicarse las medidas requeridas con urgencia, para 2050, cerca de 50 millones de personas estarían en riesgo de morir por hambre. El Ipcc insiste en la necesidad impostergable de aplicar medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. De lo contrario, la capacidad de adaptación de la especie humana -a esos cambios- será sobrepasada en la segunda mitad del presente siglo y ya no será posible ganarle la batalla al hambre.

A estas advertencias hay que agregar los otros efectos catastróficos ya referidos y que, en gran medida son producto del manejo depredador y ecocida que caracteriza al modelo de desarrollo contemporáneo. Por ello se requiere un cambio fundamental, ya que, como lo señalara hace varios años Lester Brown, Presidente del Instituto de Política de la Tierra: “Si la sociedad humana no cambia, la naturaleza se encargará de cambiar la sociedad”. Y, en el caso de nuestro continente, según Global Change Research, la crisis medio ambiental tiene pronósticos catastróficos.

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