Cambio climático y agua

Por. Sergio Bruni. El cambio climático es una de las grandes cuestiones globales de la actualidad. Sequías, incendios forestales, olas de calor, lluvias torrenciales, inundaciones y tormentas han sido algunas de las catástrofes cada vez más comunes en los últimos años. Ninguna región del mundo está o estará exenta de sus consecuencias.

Esta alteraciones del clima global son resultado del aumento de concentraciones de gases invernadero tales como el dióxido de carbono, metano, óxidos nitrosos y clorofluorocarbonos. De esta manera una porción creciente de radiación infrarroja está siendo atrapada, lo que causaría un aumento de la temperatura planetaria entre 1,5 y 4,5 °C produciendo el conocido “Efecto Invernadero”.

Ahora bien, y pese a que existe un acuerdo general sobre estas conclusiones, hay una gran incertidumbre con respecto a las magnitudes de estos cambios a niveles regionales, ya que los mismos se producen a muy diversas escalas de tiempo y sobre todos los parámetros climáticos: temperatura, precipitaciones, nubosidad, etc.
Por ello, puede advertirse que dichas modificaciones están ligadas a grandes alteraciones en los ecosistemas, así por ejemplo, y según afirman científicos y especialistas en la materia, ciertos rangos de especies arbóreas podrán variar significativamente.

Lógicamente el impacto sobre el medio ambiente en general repercutiría en forma directa sobre los seres humanos, su salud y calidad de vida en general y aún hasta en su capacidad productiva, por fracasos en cultivos sobre áreas vulnerables, aumento de sequías, expansión de enfermedades infecciosas, desabastecimiento, e incontable cantidad de perjuicios materiales.

Es por esto, que dichas “advertencias” han llevado a la reacción de casi la totalidad de los ámbitos gubernamentales a nivel mundial, expresadas también en diversos estudios y conferencias, incluyendo tratados enfocados a enfrentar y en lo posible solucionar la crisis. En este sentido, recientemente, el Consejo de Seguridad de la ONU celebró la primera reunión sobre cambio climático en su historia.

Seguramente el panorama será más complejo a medida que pase el tiempo sin avances en la búsqueda de opciones para esta problemática. En este contexto resultan de suma trascendencia la toma de conciencia y sobre todo la acción urgente y continua del Estado en el abordaje de la situación, donde la inacción se presenta como el puntapié inicial para su agravamiento.

Pero aún es mucho el camino por recorrer y debemos continuar trabajando en este sentido. En definitiva, debemos tomar conciencia realmente de cuál es nuestra verdadera situación y comenzar un programa que nos permita subsistir como oasis en un desierto, abonando al desarrollo humano.

Creemos que desde la autoridad administrativa se deben implementar y profundizar medidas que tiendan a resolver y disminuir, según las posibilidades actuales, los problemas a los que nos enfrentamos, consideramos que se deben acelerar plazos y generar nuevos programas que permitan regular con mayor eficacia y eficiencia nuestros ríos.

Es por ello que promovemos el establecimiento de un Plan Maestro integral que contemple diversas áreas de acción, entre ellas el sector agropecuario, industrial, minero y también para el uso humano. En particular por el alto porcentaje que se destina, deberá poner mayor énfasis en el uso de servicios agrícolas, en la ampliación de proyectos de horticultura. El mismo debería contemplar:

– Incorporación de financiamiento para modernización del sistema de riego agrícola, en especial la implementación masiva del riego por goteo.
– Reciclaje de aguas industriales, aguas salinas y efluentes para el riego, y desarrollar métodos de aprovechamiento del agua para aumentar su efectividad, entre ellas acciones para reducir la pérdida por filtraciones y evaporación.
– Reciclaje de aguas provenientes de “aguas grises” a fin de destinarlas al riego agrícola.
– Protección del medio ambiente por medio de la prevención de la contaminación de suelos y aguas subterráneas causadas por sustancias agroquímicas, fertilizantes metales pesados, residuos orgánicos y productos derivados del petróleo.
– Desarrollo de variedades de granos y vegetales de alta producción y calidad, resistentes a pestes, adaptables a la región, así como la implementación de métodos para aumentar la natural resistencia de frutas y vegetales contra enfermedades posteriores a las cosechas.
– Creación de un banco de genes para especies de frutas originarias, con el fin de preservar especimenes valiosos, para ser multiplicados en el futuro.
– Promoción de medios genéticos y de cultivo para mejorar el desarrollo y la producción de frutas de climas templados en climas calidos,
– Uso de elementos bio-degradables para reemplazar las sustancias químicas toxicas en la preservación de productos agrícolas frescos y procesados.
– Aumento de la producción de ganado ovino y carnes introduciendo genes de ganados adaptados a zonas áridas y reproducción prolífica.
– Desarrollo de sistemas de gramíneas para áreas semiáridas utilizando métodos actualizados de pastura.
– Medidas para la reutilización y mejor aprovechamiento del agua en las viviendas, como la obligatoriedad de la instalación de inodoros de dos tiempos, donde hay dos opciones de descarga de agua, entre otras.

En conclusión podemos decir que la atención pronta y activa es esencial para no llegar a un punto crítico en esta problemática, quizás a través de medidas de menor impacto económico, pero que pueden poseer un efecto inmediato en el aprovechamiento de los recursos actuales en materia hidrológica.

Entendemos que es responsabilidad estatal, desarrollar en acciones concretas estas medidas, pero forma parte de nuestra conciencia como ciudadanos cooperar desde el lugar que nos toque ocupar con la protección de este recurso.

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