Coches que andan con fritanga

Por: Manuel Darriba. Antonio Palma llena hasta el 80% del depósito de su coche con aceite de cocina usado. Es barato, es ecológico y funciona. Antonio se sube a su viejo Peugeot 405 turbodiésel y un nutritivo aroma a fritanga invade el ambiente. En más de una ocasión el cobrador de la autopista habrá arrugado la nariz al percibir los efluvios, preguntándose de dónde sale ese olor a croquetas y calamares.Alucinaría si supiera qué alimenta el motor. En verano, hasta el 80% del depósito va cargado de aceite de frituras reciclado y, según su propietario, «el rendimiento del vehículo es normal».

Madrileño, residente en Santiago de Compostela, ecologista convencido y militante, Antonio lleva dos años usando aceite vegetal como combustible, una solución sólo apta para motores diésel que ya es muy popular en Francia o Alemania.

El primero en llevarse las manos a la cabeza fue su mecánico habitual. «Me decía que estaba loco, que iba a reventar el motor». Se equivocó. El coche, comprado en 2006 -con 14 años y 200.000 kilómetros- es de inyección indirecta y ni siquiera precisó el kit de adaptación que sí requieren los vehículos modernos. Chupa el aceite como si fuera gasóleo.

Palma recorre un camino minoritario, pero en el que ya hay bastantes huellas. En 2005, un grupo de automovilistas marselleses se asoció para utilizar de forma sistemática el aceite de fritanga reciclado. Antony Berretti, un escocés trotamundos, viajó con su furgoneta Fiat por Europa durante tres meses con el aceite que recogía en restaurantes. Internet está lleno de historias como éstas.

La mala noticia: no es fácil. Las dificultades empiezan con la recogida. Cada cinco días Antonio se va de ronda con un bidón por los restaurantes de la zona. «A veces no tienen, o ya ha pasado el recolector autorizado». Luego hay que reciclar toda esa oscura masa de grasa. Lo hace en el garaje, su destilería particular. Dos semanas de decantación y dos filtrados, a través de una cortina y de un filtro de una micra, para obtener aceite limpio.

Antonio practica la resistencia individual. En 2000, recién llegado a Galicia, Antonio descubrió el concepto que luego orientaría su vida: la permacultura. Cultura de la sostenibilidad, ecologismo radical y filosófico. La permacultura propone soluciones para las relaciones con el entorno, la vivienda, el intercambio comercial Un enfoque global. En 2002, perdió su trabajo de montador de sonido para cine y se sumergió de lleno en este universo alternativo.Hoy, a sus 45 años, coordina Permacultura Galicia y circula en un coche que se alimenta con aceite de la sartén.

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