Continúa la caza ilegal de rinocerontes y aumenta el riesgo de extinción

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La matanza de rinocerontes en Sudáfrica no se detiene, luego que el Ministerio del Medio Ambiente de este país informara que en los primeros cinco meses del año fueron sacrificados un total de 245 animales, producto de la cacería ielgal, encaminándo a la especie hasta su posible extinción.

Según estadísticas oficiales, la reserva más afectada es el Parque Nacional Kruger, ubicado al noreste del país, donde se contabilizan 147 rinocerontes asesinados, alrededor de un 60 por ciento de las víctimas de la caza furtiva.

De seguir este ritmo acelerado, el número de rinocerontes caídos podría superar el récord de 2011, cuando la cacería acabó con la vida de 448 animales. En 2010 la cifra fue de 333, en 2009 fueron 122, en 2008 se cazaron 83 y en 2007 solamente 13.

En tanto, el Grupo de gestión de rinocerontes (RMG) de la Comunidad de Africa Austral advirtió que, de continuar la tendencia, se corre el riesgo de superar próximamente el número de nacimientos.

El aumento de la cacería ilegal tiene su origen en el éxito comercial de los cuernos en Asia, y sobre todo en Vietnam, donde son utilizados por la medicina tradicional. Su precio en el mercado negro se acerca al del oro, a unos 50 mil euros el kilo (unos 62 mil 500 dólares).

El Ministerio del Medio Ambiente asegurá que en el país habitan unos 20 mil especímenes, aproximadamente entre el 70 y 80 por ciento de la población mundial.

A raíz del reforzamiento de las medidas de seguridad, las fuerzas del orden han efectuado 161 arrestos desde comienzos de este año, incluyendo a 138 cazadores furtivos. El resto son comerciantes y compradores.

La caza furtiva también ha aumentado en Kenia, Zimbabue y otros países vecinos, aunque las cifras son menos alarmantes.

La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES) prohíbe el comercio de cuernos de rinoceronte, una especie protegida en Sudáfrica.

Estos animales están en grave peligro de extinción debido a la caza a la que los furtivos les someten para obtener su marfil, al que algunos atribuyen propiedades medicinales y afrodisíacas.

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