Cuando muera. Así quiero que me entierren.

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Ataúdes de madera, líquido para embalsamar, cemento. Esos son algunos de los materiales que se usan para enterrar el cuerpo de una persona. Con dichos elementos los restos se -supone- mantendrán por los siglos de los siglos.

Una solución más respetuosa con el medio ambiente. La cremación y las urnas funerarias se han convertido en una alternativa cada vez más popular a los entierros tradicionales. Un estudio del Berkeley Planning Journal estimaba que en Estados Unidos se utilizan 71.000 metros cúbicos de madera, 2.449 toneladas de cobre y bronce, 94.593 toneladas de acero y casi un millón y medio de toneladas de cemento reforzado. Sin contar, claro, la cantidad de agua y fertilizante necesarios para hacer que los cementerios tengan ese aspecto tan verde.

Las urnas funerarias son consideradas una gran opción en ese sentido, pero no son perfectas. Entre otras cosas, un horno crematorio utiliza 285 kWh de gas y 15 kWh de electricidad de media en cada cremación, lo que equivale a la demanda de energía de una persona durante un mes. El proceso libera gases que afectan al medioambiente, e incluso se estima que el 16% de la contaminación por mercurio se debe a estos procesos ya que nuestros empastes suelen contar con ese material.

Pero ¿qué tal si después de la muerte se puede crear una vida?.

Eso es lo que pretenden las urnas biodegradables, la que ayuda a que los restos mortales cobren vida a través de un árbol. Algo que ya tiene nombre: funerales verdes. ¿Cómo funciona? Al interior de la cápsula -dividida en dos- hay una semilla de pino -que se puede cambiar por otra-. En la parte inferior hay un espacio para depositar las cenizas de la persona.

Antes de enterrar la urna, es necesario mezclar los restos con un poco de tierra del lugar donde va a crecer el árbol. Luego, los componentes facilitarán de forma natural el proceso de germinación de la semilla. El árbol crecerá en el compartimiento superior de la urna, hasta que ésta empieza a degradarse.

La iniciativa apunta a contribuir al desarrollo de un medio ambiente más sano, en un mundo en el que el cambio climático amenaza diversas esferas de la vida humana, animal y natural. Un dato no menor: los árboles absorben el CO2, removiendo y almacenando el carbono al tiempo que liberan oxígeno al aire.

Un proveedor específico de este tipo de servicios es Bios Incube es una urna que nos permite plantar un árbol aprovechando las cenizas de un difunto. En otras palabras, nos permite dejar detrás un legado cuando hayamos muerto, un recuerdo para las generaciones futuras, pero también una gran ayuda para el medio ambiente.
 

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Es posible que para mucha gente esta idea sea ridícula, pero parece haber demanda para este tipo de dispositivos, o al menos eso confían sus creadores, basados en Barcelona.

El paquete está compuesto de tres piezas. Por una parte está la urna en la que tenemos que meter las cenizas; es biodegradable y está diseñada para facilitar el crecimiento de la planta.

Esta urna se mete en un incubador, que en su interior cuenta con las reservas de agua necesarias para el árbol, unos 11 litros, además de la tierra en la que tenemos que enterrar los restos.

Siguiendo el crecimiento del árbol desde el móvil

La última pieza es un sensor que se coloca encima de la urna, y que se encargará de registrar y abrir el contenedor de agua según lo pida la tierra. Este sensor se conecta a nuestro smartphone por Wi-Fi con una app dedicada, desde la que podemos seguir la progresión del crecimiento del árbol.

Todo el sistema funciona automáticamente, y nos avisará con notificaciones en nuestro smartphone cuando ocurra algo que requiera nuestra atención, como temperaturas demasiado bajas o rellenar el incubador de agua. Con un poco de suerte y cuidado, el resultado será un árbol que nos recordará a nuestro ser querido.

Un alternativa sostenible al enterramiento. Bios Incube se presenta como una alternativa sostenible respecto a otros servicios funerarios más caros; también es una opción a tener en cuenta para los que vivimos en la ciudad y no tenemos sitio ni tiempo para cuidar de plantas.

ScienceAlert

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