Desafío Pacx: misión que se propone cubrir la mayor distancia en oceanos jamás recorrida por robots

glidersurface

El germen de la idea surgió de la necesidad de seguirles los pasos a las ballenas jorobadas de Hawaii. Allí, la Fundación de Investigación Júpiter pidió a un grupo de investigadores del Silicon Valley que diseñara dispositivos para poder registrar los sonidos de estos cetáceos sin necesidad de anclar los equipos de grabación al suelo oceánico.

Así surgieron los equipos de Liquid Robotics, que son capaces de impulsarse solos mediante el uso de energía eólica y solar, lo que les otorga autonomía de navegación teóricamente sin límites.

A primera vista, alguien podría confundirlos con tablas de surf para gigantes: los robots son pequeñas balsas, de dos metros de largo por medio de ancho, hechas del mismo material que los equipos de surf y puestos a flotar sobre las olas.

En un mástil externo tienen una estación de medición climática y, debajo del agua, están unidos por un cordón umbilical a un zepelín que funciona como hélice, impulsada por la energía solar que le proveen dos paneles en la superficie.

Pero el verdadero tesoro está en cajas selladas de aluminio: allí se alojan los sensores, con conectores a prueba de agua, capaces de recoger millones de datos para almacenarlos en pequeños chips.

Al no estar tripulados, los robots pueden aventurarse a las aguas en cualquier condición climática. Aunque allí afuera también tienen sus desafíos por sortear, desde las grandes tormentas a la amenaza de los tiburones (en un prototipo, un sensor recibió una mordedura letal) o la necesidad de contar con un sistema de alertas para evitar choques con embarcaciones.

El principal desafío, según sus responsables, ha sido el diseño de del software que controla los robots, que debía ser lo suficientemente robusto como para no generar dolores de cabeza durante una misión de ultramar.

Para ello, sumaron al proyecto al padre del lenguaje de programación Java, que hoy se usa en la mayoría de las aplicaciones web. James Gosling -tal su nombre- se encargó de crear una red para los robots bajo el concepto de «nube» (cloud computing, en inglés) que rige las redes de los usuarios personales.

En el trayecto, se ocuparán de recoger datos sobre temperatura y salinidad, sobre la biología submarina (por ejemplo, determinar si hay superpoblación de una especie en un área determinada), el comportamiento de las olas en altamar, la composición química o la posible existencia de crudo, entre otras cosas.

Entre sus usos concretos, los científicos destacan la posibilidad de medir variables para avanzar en el entendimiento del cambio climático, de detectar alertas de tsunami que sólo se perciben en aguas profundas o incursionar en el centro de un huracán para poder comprender mejor la dinámica de este fenómeno meteorológico.

Los costos son parte del atractivo: por unos US$3.00 al día que cuesta solventar un robot, se puede reemplazar una embarcación que recoja datos similares cuyo mantenimiento sale hasta 35 veces más.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Ir arriba