EEUU: Los republicanos en contra de la ciencia

Por Paul Krugman: Jon Huntsman, Jr., un ex gobernador de Utah y embajador estadounidense en China, no es un contendiente serio para la nominación del candidato republicano a la presidencia. Y eso es muy malo porque Huntsman ha estado dispuesto a decir lo indecible sobre el Partido Republicano; me refiero a que se está convirtiendo en el “partido anticiencia”. Se trata de una evolución tremendamente importante. Y debería aterrarnos.

Para entender lo que quiere decir Huntsman hay que considerar las declaraciones recientes de dos hombres que en realidad son contendientes serios por la nominación republicana: Rick Perry y Mitt Romney.

Perry, el gobernador de Texas, fue noticia hace poco al descartar a la evolución como “sólo una teoría”, una que “tiene algunos huecos”, observación que será una noticia para la vasta mayoría de los biólogos. Sin embargo, lo que realmente llamó la atención de la gente fue lo que dijo sobre el cambio climático: “Creo que hay una cantidad considerable de científicos que ha manipulado la información para poder allegarse dólares para sus proyectos. Y creo que estamos viendo casi cada semana, o, incluso, diariamente, que científicos se presentan y cuestionan la idea original de que el calentamiento mundial causado por el hombre es lo que está provocando que cambie el tiempo”.

Es una observación notable, o, quizá, el adjetivo correcto sea “infame”.

La segunda parte de la declaración de Perry es, da la casualidad, simplemente falsa: el consenso científico sobre el calentamiento mundial provocado por el hombre -que incluye de 97 a 98% de los investigadores en la materia, según la Academia Nacional de Ciencias de EEUU- se está fortaleciendo, no debilitando, conforme la evidencia del cambio climático sencillamente sigue aumentando.

De hecho, si se observa a la climatología se sabrá que el principal desarrollo de los últimos años ha sido una creciente inquietud respecto a que las proyecciones del tiempo futuro subestiman la cantidad posible de calentamiento. Las advertencias de que es posible que encaremos un cambio en la temperatura que amenace a la civilización para finales del siglo, otrora consideradas descabelladas, ahora surgen de grupos de investigación de la corriente institucionalizada.

Sin embargo, eso no importa, indica Perry; a esos científicos sólo les importa el dinero, “manipulan información” para crear una amenaza falsa. En su libro “Fed Up” (Hartazgo), descarta a la climatología como “un lío falso y artificioso que se está viniendo abajo”.

Podría señalar que Perry se está creyendo una teoría de la conspiración verdaderamente desquiciada, la cual asevera que miles de científicos en todo el mundo reciben sobornos, sin que ninguno esté dispuesto a romper el código de silencio. También podría señalar que múltiples investigaciones sobre las acusaciones de conducta intelectual incorrecta por parte de los climatólogos han terminado en la exoneración de los investigadores acusados. Sin embargo, no importa: Perry y quienes piensan como él saben lo que quieren creer, y su respuesta a cualquiera que los contradiga es iniciar una cacería de brujas.

¿Y, cómo ha respondido Romney, el otro contendiente puntero para la nominación republicana, al desafío de Perry? De modo característico: huyendo. Antes, Romney, un ex gobernador de Massachusetts, había apoyado firmemente la noción de que el cambio climático provocado por el hombre es una inquietud real. Sin embargo, la semana pasada, suavizó eso al declarar que piensa que el mundo se está haciendo más caliente, pero “no sé eso” y “no sé si los humanos provoquen la mayor parte”. ¡Valor moral!

Claro que sabemos lo que motiva la repentina falta de convicción de Romney. Según la encuestadora Public Policy Polling, sólo 21% del electorado republicano en Iowa cree en el calentamiento mundial (y sólo 35% cree en la evolución). Dentro del Partido Republicano, la ignorancia intencional se ha convertido en la prueba de acidez para los candidatos, una que Romney está determinado a pasar a cualquier costo.

Así que es altamente probable que el candidato presidencial de uno de nuestros dos partidos políticos principales sea un hombre que cree lo que quiere creer, aún en contra de la evidencia científica, o uno que finge creer cualquier cosa que él piensa que la base del partido quiere que crea.

Y el antiintelectualismo de la derecha política cada vez más profundo, tanto dentro como más allá del Partido Republicano, se extiende mucho más allá del problema del cambio climático.
Recientemente, por ejemplo, la página editorial de The Wall Street Journal ha ido más allá de su preferencia a largo plazo por las ideas económicas de “charlatanes y maniáticos” -como lo expresó estupendamente uno de los principales asesores económicos del ex presidente George W. Bush-, hacia una denigración general del pensamiento preciso sobre asuntos económicos.

No hay que prestar atención a “teorías extravagantes” que entran en conflicto con el “sentido común”, nos dice The Journal. Porque ¿por qué debería alguien imaginar que se necesita más que sentimientos viscerales para analizar cosas como crisis financieras y recesiones?

Bien, no sabemos quién ganará las elecciones presidenciales del año entrante. Sin embargo, las posibilidades son que uno de estos años el país más grandioso del mundo se dará cuenta de que está gobernado por un partido que es agresivamente anticiencia, en efecto, anticonocimiento. Y, en una época de desafíos graves -ambientales, económicos y más-, esa es una posibilidad aterradora.

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