El cambio climático ya ha llegado a la agricultura dominicana

Por: Jhonatan Liriano

Los pies de Luis Polanco han hecho camino entre los valles y las montañas de la Cordillera Septentrional. Hace décadas que el agrónomo y director ejecutivo de la Sociedad Ecológica del Cibao (Soeci) trabaja en la observación y reforestación de los bosques de la región Norte de República Dominicana.

En sus recorridos mantiene una cercana relación educativa con unos 300 productores agrícolas y con el doble de campesinos de la zona, de quienes escucha la misma queja constantemente: “Algo está pasando. La tierra no está como antes, está cansada”.

Polanco sabe que con esas palabras la gente del campo no sólo se refiere a la pérdida de los nutrientes básicos del suelo (nitrógeno, fósforo, potasio, calcio, magnesio, azufreÖ), por malas prácticas agrícolas, o a la erosión de las laderas de las montañas como consecuencia de la tala indiscriminada de árboles. Cree que, en toda la región, las condiciones climáticas están cambiando, y que el fenómeno ya comenzó a manifestarse en la agricultura.

“En la cordillera desapareció el cultivo de habichuela porque la situación del entorno no es favorable. Y en la ciudad de Santiago, donde la temperatura nunca llegaba a los 30 grados durante el mes de enero, ahora sobrepasa esos niveles. El asunto es serio”, señala el ecologista.

Las inundaciones
Las inquietudes que Luis Polanco presenta a partir de observaciones personales, la Oficina Nacional de Meteorología (Onamet) y el Instituto de Meteorología de Cuba (Insmet) las sustentan sobre criterios científicos en el “Estudio de la climatología de la sequía agrícola en RD”, el cual revela que en los últimos treinta años la sequía agrícola se extendió a 30,446 hectáreas de tierra de toda la geografía nacional, causando daños irreversibles a la agropecuaria de las regiones Sur y Suroeste, principalmente.

La alteración de los patrones locales de precipitación, como síntoma del cambio climático que afecta al planeta, puede considerarse como la principal causa del problema, de acuerdo con explicaciones de Solangel González, encargada del departamento de Cambio Climático de Onamet.

Siendo más gráfica, la experta señala que el período de sequía en la región Sur (diciembre-abril) se torna más prologando e intenso cada año, y que en el 2008 los productores agrícolas de la región Norte recibieron en junio a los tradicionales aguaceros de mayo.

Este desequilibrio hizo que algunos cultivos se perdieran.

“El cambio climático es una realidad presente en los suelos dominicanos. De eso no hay duda”, sentencia González.

Ciclones
Pero la irregularidad de las precipitaciones no es la única amenaza que asecha al campo. Los registros de Onamet indican que, de 1900 a la fecha, el número de ciclones formados en el océano Atlántico por temporada aumentó de seis a catorce, y que la intensidad de los meteoros que alcanzan las islas del Caribe también viene incrementándose desde principios del siglo pasado.

La intensificación de las temporadas ciclónicas se traduce en un incremento de las inundaciones que inciden sobre el sector agrícola nacional, que apenas se repone de los daños millonarios acarreados por el paso de las tormentas Noel y Olga, en el 2007.

Este año podría ser uno de los más calurosos de las últimas décadas a nivel mundial, según los pronósticos de las autoridades de Meteorología, quienes señalan que el panorama climático que espera al campo dominicano es de mucho cuidado y no presenta indicios de mejoría.

SEGURIDAD ALIMENTARIA Y LA MIGRACIÓN CAMPESINA
Según el informe “Cambio climático, impactos, adaptación y vulnerabilidad” presentando por el Grupo de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) a las Naciones Unidas en el 2001, el fenómeno mundial afectará la producción de alimentos de todas las naciones. El impacto será positivo para algunos cultivos y desastroso para otros. El aumento de unos cinco grados en la temperatura de la Tierra para el 2100, modificará, indudablemente, el mapa agropecuario de muchos países.

“En algunos estudios recientes, en que se han sumado los efectos, se han estimado impactos económicos en poblaciones vulnerables tales como productores de pequeño tamaño y consumidores urbanos pobres. Estos estudios concluyen que el cambio climático haría disminuir los ingresos de poblaciones vulnerables y aumentar el número absoluto de personas con riesgo de pasar hambre aunque esto es inseguro y requiere una investigación ulterior”, señala el informe.

En República Dominicana, el director ejecutivo del Grupo Técnico Interinstitucional (GTI), organismo dedicado a la prevención y mitigación de la desertificación y la sequía, opina que el Estado dominicano debe definir de inmediato medidas de adaptación a las realidades meteorológicas que se avecinan. Propone una planificación nacional del uso de los recursos naturales, haciendo énfasis en los suelos dedicados a la agropecuaria, ya amenazados por la deforestación, el sobre pastoreo, la desaparición de ríos y arroyos y las prácticas agrícolas insostenibles.

Pedro García entiende que la nación debe “pensar en un verdadero ordenamiento territorial, donde las poblaciones vulnerables puedan ser reubicadas”. Al igual que otros especialistas consultados por LISTÍN DIARIO, García considera que un cambio de clima en las regiones agrícolas amenazaría la seguridad alimentaría de la nación y obligaría a los campesinos a emigrar hacia los núcleos urbanos.

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