El Salvador sufre los estragos del cambio climático

Por Mauricio Chacón. El Salvador es el país de la región centroamericana con más muertes a causa del presente fenómeno climático que se ha vivido en los últimos días. Los “temporales” han existido desde siempre, pero en pocas ocasiones han durado más de siete días continuos.

En menos de cinco años van tres emergencias significativas de la misma naturaleza: las tormentas tropicales Stan, Ida, Agatha que han causado serias pérdidas económicas y de vidas a su paso; sin embargo, ninguna como esta depresión tropical, que será recordada como el temporal que más daño ha causado en los últimos años.

El Salvador vive el octavo día consecutivo de intensas lluvias que han provocado 32 muertes y más de 20.000 evacuados, mientras que los daños en agricultura e infraestructura superará los efectos que dejaron las tormentas tropicales de los últimos cinco años: Ida, en 2009, y Agatha, Alex, Mathew, Nicole y Depresión Tropical 16, en 2010.

La CEPAL ha señalado anteriormente que el cambio climático traerá consecuencias nefastas a las economías centroamericanas y aun así son muy pocos los esfuerzos que se están haciendo en esta materia. Prevenir los efectos del cambio climático en el sector productivo aún no forma parte de los esquemas de asistencia técnica de las instituciones vinculadas al tema, tampoco no es una prioridad del sector privado hacer inversiones para anteponerse a los efectos del cambio climático.

En esta emergencia hemos visto casi de todo, una de las cosas más impactantes ha sido ver a personas adultas mayores salir con el agua al cuello. La naturaleza actuó sin piedad y dejó una vez más al descubierto la alta vulnerabilidad del país: carreteras y puentes destruidos, postes del tendido eléctrico tirados en el suelo y hasta un relleno sanitario colapsado, ahora todo es parte de nuestro nuevo panorama, aparte de las lamentables estadísticas oficiales de muertos y damnificados. ¿Hasta cuándo seguiremos lamentando esta situación?

Es necesario iniciar la construcción de una visión de país hacia el desarrollo de una cultura de adaptación al cambio climático en donde se traduzcan estos esfuerzos en acciones concretas que no requieren de altas inversiones sino, más bien, de tomar decisiones sensatas como introducir la producción más limpia en la industria, modificar el año escolar para no exponer a los alumnos y docentes a los meses de mayor intensidad de lluvias, o utilizar variedades de semillas resistentes a las sequías o las inundaciones, pero también se requiere de otras acciones complementarias.

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