España: Lengua azul y cambio climático

El progresivo incremento del número de focos de lengua azul, también llamada fiebre catarral ovina, en nuestro país y en otros de la UE, preocupa al sector ganadero de rumiantes de nuestra región, aún sin haberse declarado ningún foco en ella. Los sucesivos ajustes legislativos promulgados por el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (MARM) y su reciente Orden por la que se establecen medidas específicas para su prevención y control, conjuntamente con la publicación de un artículo en un periódico de ámbito nacional con el sugerente título de «El virus que llega a con el viento», dan fe de su importancia económica y epidemiológica, y la han puesto de actualidad.
Se trata de una enfermedad vírica cuyo cuadro clínico se caracteriza por el dramatismo de sus síntomas: fiebre, inflamación, congestión y edema facial con hemorragias y ulceración de las mucosas. Se acompañan, a menudo, de una grave degeneración muscular, dermatitis e inflamación de la banda coronaria de las pezuñas, que dan lugar a cojeras manifiestas. Son frecuentes los abortos, la esterilidad y las malformaciones fetales. En los casos graves se presenta una intensa hiperemia en la lengua, que sobresale de la boca y adquiere un intenso color violáceo, de ahí su nombre. Afecta a los rumiantes domésticos (óvidos, bóvidos y cápridos) y salvajes, y puede ser mortal para el ganado ovino.
Aunque no se transmite al hombre ni se considera contagiosa, presenta una epidemiología singular que dificulta la labor de los veterinarios para luchar contra ella. Su transmisión mediante la picadura de un mosquito, Culicoides imicola, que también es vector de la peste equina en África, ha condicionado recientemente la invasión de nuevas áreas geográficas debido al incremento de la temperatura de nuestro planeta, por lo que los expertos la han relacionado directamente con el cambio climático e incluido en el grupo de las enfermedades emergentes y reemergentes de los animales terrestres que son aquellas que se presentan por primera vez en una población o experimentan un cambio sustancial en su epidemiología o en el incremento de su virulencia.
Del acierto de esa decisión da fe una noticia que se publicó en la «Página agrícola y Social» de este periódico, el 4 de octubre de 1958. Decía así: «Ha sido dominada la lengua azul. Las medidas de lucha adoptadas por la Dirección general de ganadería han dado resultados satisfactorios. Con los últimos envíos de vacuna habían quedado completamente cubiertas las necesidades de las provincias afectadas. Además, se estaba vacunando todo el ganado trashumante y el de las zonas periféricas a la zona afectada». Dicho de otro modo: hace cincuenta años la enfermedad quedó confinada en los países del continente africano donde es endémica.
Desde entonces el territorio español estaba considerado como país oficialmente libre de esta enfermedad gracias a la excelente labor de los servicios veterinarios españoles de Sanidad animal, hasta que hace doce años, aparecieron nuevos focos en Baleares y posteriormente en la península Ibérica relacionados con la consiguiente ampliación del área geográfica de distribución de Culicoides imicola, comprobada mediante capturas estratégicas del mosquito y su posterior identificación taxonómica. La enfermedad inquieta a los expertos porque desde África, progresa imparable hacia el norte con el vector, y en los últimos años se han declarado focos en Italia, Francia, Suiza, Luxemburgo, Austria, Bélgica, Alemania, Reino Unido, Holanda y por primera vez en Dinamarca, país costero del mar Báltico, lo cual fue noticia en la prensa española y europea.
Una de las principales conclusiones reflejadas en el informe emitido por 2.500 científicos de 130 países participantes en la reunión del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), reunido el pasado año en Valencia, fue «que si la emisión de gases de efecto invernadero no se reduce a partir de 2015, se producirá un incremento de la temperatura de entre 2 y 2’4º C, nivel a partir del cual puede haber interferencias climatológicas peligrosas». En este sentido, y de acuerdo con la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), es un hecho científicamente constatado que el calentamiento del planeta es uno de los factores que más han influido en la aparición de las denominadas enfermedades emergentes y reemergentes en el hombre y en los animales. Hace ya tiempo que los médicos y los veterinarios vaticinaron que ese incremento produciría alteraciones importantes en el mapa epidemiológico mundial de distribución de sus respectivos agentes etiológicos y así ha sucedido. La lengua azul está considerada actualmente por los expertos como el ejemplo más significativo de las posibles consecuencias de cambio climático en el ámbito de la Sanidad Animal mundial.
Actualmente, las pérdidas económicas producidas en nuestro país por esta enfermedad son cuantiosas y difíciles de evaluar, pues a las dificultades y elevado coste del programa de control implementado por la Subdirección general de Sanidad Animal del MARM en colaboración con las comunidades autónomas, basado en la vacunación de los rumiantes, el control del movimiento pecuario y la lucha contra el vector, es preciso añadir los costos derivados de la colaboración en los programas de lucha en países del norte de África a través de la FAO a fin de prevenir en el nuestro esta y otras enfermedades emergentes y reemergentes transimitidas por Culicoides.

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