Felicidad y desarrollo sostenible

Por Kalena de Velado. Una persona feliz es más productiva, tiene paz en su corazón y es creativa, aun si se encuentra enferma, discapacitada o en situación económicamente difícil. Por lo tanto, reflexionar sobre la felicidad resulta importante para el desarrollo sostenible y el progreso de los pueblos.

Las nuevas corrientes de investigación sobre los efectos de la felicidad en las sociedades han sido tomadas por las escuelas de negocios, entre ellas la de Wharton, cuya pesquisa le llevó a entrevistar a Nic Marks, autor del libro electrónico “El manifiesto de la felicidad: Cómo los países y las personas pueden promover el bienestar”, con el objetivo de aprender mejor sobre cómo la medición de la felicidad encaja en la escala socioeconómica. Entre lo indagado con el escritor se recoge lo siguiente: “Básicamente, la premisa detrás del manifiesto es que las personas tienen una experiencia de calidad de vida… Por lo tanto, eso debería obligar a preguntar a la gente sobre su experiencia real de vida, en vez de intentar solo medirla por todas las cosas que ellas poseen”. Ver más: http://www.wharton.universia.net/index.cfm?fa=viewArticle&ID=2110

Desde esta perspectiva, hay que analizar también qué papel tiene el amor en la creación de felicidad, dado que si alguien se siente amado incondicionalmente, normalmente le encontramos feliz y dispuesto a dar lo mejor de sí.

¿Qué es el amor? Es un acto libre, exigible en justicia, al que por naturaleza se tiende, dándolo y recibiéndolo. Amar es la vocación primaria del ser humano. Vivir sin ser amado incondicionalmente no es posible. Le ocurre como con el deseo incontenible por beber agua al tener sed, buscando el precioso líquido con ansia para encontrarlo y beberlo. “El amor, en sentido estricto y originario, es el primer apetito, tanto sensitivo como de la voluntad, hacia un concreto bien. Dicho con palabras clásicas, el amor es la ‘prima immutatio appetitus’. El amor puede manifestarse como amistad, caridad y dilección o voluntad (Fuente: “UNA CARO”, Javier Hervada, escritos sobre el matrimonio; artículo: El derecho de los pueblos).

En la pareja, el amor conyugal es la auténtica apertura personal al otro. Se distingue de otro tipo de amor en su específico carácter sexual. Varón y mujer se unen como dos personas en cuanto son distintas, de forma plena y total, en su masculinidad y feminidad, incluyendo su potencial reproductivo (Paternidad y maternidad).

Aunque son muchos los aspectos y ambientes, el modo masculino o el modo femenino de actuar tienen importancia y es posible encontrar validez de la integridad de un sexo respecto del otro, es en el matrimonio donde se puede apreciar mejor la complementariedad, con sus fines peculiares (la generación y educación de los hijos, la mutua ayuda). Es en el matrimonio donde se fundamenta la célula básica de la comunidad humana, la familia.

Cabe preguntarse entonces: ¿De qué manera las políticas públicas de familia y protección del matrimonio afectan a la calidad de vida de las personas? En temas de seguridad, aumento de la productividad y prevención de la delincuencia juvenil, el Estado podría perfeccionar su gestión si hace el centro de sus esfuerzos el fortalecimiento del matrimonio y la familia. “Al trabajar con un blanco diferente, es decir, con la experiencia real de los ciudadanos, es probable que las políticas adoptadas sean muy diferentes” (Nic Marks).

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