Feliz año para todos. Excepto para el planeta

2019 fue un año récord. El año comenzó con temperaturas de -30 grados en Norteamérica, después tuvimos más de 46 grados en Francia, otro nuevo récord. ¿Es algo normal? ¿Tendremos que acostumbrarnos a todo esto?

Maxx Dilley, director del servicio de adaptación y predicciones climatológicas, de la Organización Meteorológica Mundial, explica que : «2019 fue el segundo o tercer año más cálido en el registro histórico, desde tiempos preindustriales. Estuvo 1,1 grados por encima de los niveles preindustriales».

«Y lo sorprendente es que no es una sorpresa, añade Vincent-Henri Peuch, director del servicio de monitoreo de la atmósfera de Copernicus. Año tras año se baten nuevos récords, y hasta cierto punto nos acostumbramos. Pero si miramos atrás, es muy probable que los cinco últimos años hayan sido los cinco años más calurosos registrados, y la última década, la década más calurosos desde que se tienen registros».

A ello se suma que, tanto la temporada (septiembre a noviembre) como el año hasta la fecha (enero a noviembre) fueron los segundos más calurosos en la historia registrada, según los científicos de los Centros Nacionales de Información Ambiental de la NOAA.

Pero eso no es todo, porque el calor excepcional también se sintió en ambos extremos del mundo, provocando que la cobertura de hielo marino en los océanos Ártico y Antártico cayó a mínimos casi récord en noviembre.

Si no tomamos medidas urgentes para combatir el cambio climático ahora, la temperatura aumentará más de 3°C de aquí a finales de siglo, y sus consecuencias para el bienestar de la humanidad serán todavía más perjudiciales.

De acuerdo con el reporte, que complementa los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), la temperatura media mundial durante el período de enero a octubre de 2019 estuvo aproximadamente 1,1°C por encima de los niveles preindustriales (1850-1900) y, «casi con toda seguridad», las medias correspondientes al quinquenio 2015-2019 y a la ultima década (2010-2019) serán las más altas del conjunto de períodos quinquenales y decenales, respectivamente, de los que se tienen datos, una tendencia que se mantiene desde los años ochenta (cada nueva década ha sido más cálida que la anterior).

Este año, las temperaturas han sido inusualmente cálidas en grandes extensiones del Ártico y superaron la media reciente en la mayoría de las zonas terrestres, en particular, en Sudamérica, Europa, África, Asia y Oceanía. En Estados Unidos, Alaska también registró temperaturas excepcionalmente altas, en contraste con gran parte de América del Norte, donde la temperatura se quedó por debajo de la media reciente.

Según el informe la Organización Meteorológica Mundial (OMM) se ha observado que, desde 1993, cuando se empezaron a realizar mediciones satelitales, la subida del nivel del mar se ha acelerado a causa de la fusión de los mantos de hielo de Groenlandia y la Antártida. En octubre pasado, el nivel medio del mar a escala mundial alcanzó su valor más elevado desde que empezaron a tomarse datos de alta precisión, en enero de 1993.

Los científicos de la OMM explicaron que el océano hace las veces de amortiguador, al absorber calor y dióxido de carbono, pero esto ha provocado que la acidez del agua del mar aumente un 26% desde el inicio de la era industrial, degradando los ecosistemas marinos.

Los efectos del cambio climático se manifiestan a diario en forma de fenómenos meteorológicos extremos y anómalos. Así, las olas de calor y las inundaciones que solían producirse «una vez cada 100 años» son cada vez más frecuentes. Los efectos de ciclones tropicales de una intensidad devastadora se sintieron en países desde Bahamas hasta el Japón, pasando por Mozambique, y los incendios forestales arrasaron grandes zonas del Ártico y Australia.

Otra consecuencia grave del cambio climático es que las lluvias son más irregulares, lo cual pone en peligro el rendimiento de las cosechas. Si a esto se suma el crecimiento demográfico, en el futuro los países pobres tendrán más dificultades para alimentar a su población.

Precisamente, el informe dedica un capítulo a los efectos que los fenómenos meteorológicos y climáticos tienen en la salud de las personas, la seguridad alimentaria, las migraciones, los ecosistemas y la vida marina.

Las condiciones de calor extremo afectan cada vez más a la salud de las personas y, por ende, a los sistemas sanitarios, y las repercusiones más significativas se dejan sentir con fuerza allí donde el envejecimiento de la población y los problemas relacionados con la urbanización y las desigualdades en materia de salud son más importantes. En 2018, la cantidad de personas vulnerables de más 65 años expuestas a olas de calor aumentó en 220 millones con respecto a la media del periodo de referencia comprendido entre 1986 y 2005.

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