Hidroeléctricas: ¿energía limpia o nuevo problema ecológico?

represa-hidroelectrica-de-itaipu

La tecnología moderna consume grandes cantidades de energía eléctrica. Esta es normalmente generada en una planta de energía que convierte otras clases de energía en energía eléctrica. Cada sistema tiene ventajas e inconvenientes, pero muchos de ellos plantean preocupaciones medioambientales. El agua en la Tierra circula en un ciclo constante: es evaporada de los mares, cae en forma de lluvia sobre la tierra, y desciende desde los montes hasta volver a los mares. La energía hidroeléctrica extrae alguna de la energía de este flujo de descenso del agua. Normalmente, las plantas de energía eléctrica están formadas por una Presa hidráulica que crea un gran embalse; cuando hace falta energía, se permite que el agua fluya del embalse, a través de turbinas que generan electricidad.

El maquillaje verde de las represas hidroeléctricas
Por décadas las hidroeléctricas fueron consideradas fuentes de energía limpia, amigables con el entorno. A la luz de nuevos estudios y conflictos socioambientales, se constata que, según su ubicación y características, pueden perjudicar el desarrollo socioeconómico, la conservación ambiental, contaminar y propiciar conflictos sociales. Un ejemplo en la región nos lo da HidroAysén. El proyecto –rechazado por un extenso grupo de ciudadanos chilenos y de la comunidad internacional–, requiere inundar ecosistemas, recursos naturales y paisajes de Aysén, una de las últimas zonas no intervenidas agresivamente por el hombre, además de desplazar a una comunidad entera. Algunos de los proyectos planteados en el Perú –con la supuesta intención de generar energía limpia para la exportación– generarían problemas similares o peores.

Impactos de las represas

1 Afectan derecho de propiedad o uso territorial de comunidades ancestrales.

2 Impactan sobre la pesca ribereña para consumo diario.

3 Restringen el acceso a fuentes de agua para la población.

4 Alteran el ciclo natural de los ríos.

5 Interrumpen la migración y reproducción de especies acuáticas.

6 Promueven la defores- tación y pérdida de biodiversidad.

7 Alteran el ciclo natural de los ríos.

8 Fracturan la forma de vida y cultura de la población.

9 Llevan a la irrupción de foráneos (constructores) y de costumbres extrañas a la zona.

10 Atentan contra las áreas protegidas y de conservación, y de amortiguamiento.

Las grandes represas suelen tener un costo elevado para la sociedad y el medio ambiente, y consecuencias económicas a largo plazo debido a la desaparición de la pesca y del potencial turístico y a la inundación de tierras agrícolas y bosques. Según la Comisión Mundial de Represas, un organismo independiente, la mayoría de los proyectos no compensaron las pérdidas de las personas afectadas ni mitigaron el impacto ambiental. Raras veces los habitantes han podido opinar sobre la realización de una represa o han recibido una porción justa de los beneficios.

La inundación permanente de bosques, de humedales y de la fauna y la flora es quizás el efecto ecológico más evidente de las represas. Sus lagos han inundado enormes extensiones y han hecho desaparecer más de 400.000 kilómetros cuadrados de tierras. Sin embargo, no sólo cuenta la extensión de esa tierra sino también su calidad: las cuencas de los ríos y las zonas inundables figuran entre los ecosistemas más ricos en biodiversidad del mundo. Las plantas y los animales que se han adaptado al hábitat del fondo de un valle suelen no poder sobrevivir a orillas de un lago de represa. Además, las represas generalmente se construyen en regiones alejadas que son el último refugio de especies desplazadas de otras zonas por las actividades industriales y de urbanización. Nadie sabe cuántas especies vegetales y animales han desaparecido porque su último hábitat fue inundado por una represa, pero es probable que su número no sea nada despreciable. Además de destruir el hábitat, un embalse también puede interrumpir las rutas migratorias a través del valle y a lo largo del río. Al aislar a las poblaciones, esta fragmentación del ecosistema provoca una peligrosa reducción del patrimonio genético.

El auge de la hidroelectricidad

La industria de la construcción de represas intenta dar a la hidroelectricidad una apariencia ecológica por medio de una ofensiva de relaciones públicas destinada a convencer al mundo de que la próxima generación de represas aportará nuevas fuentes de energía limpia y contribuirá a mitigar los impactos del cambio climático. En las cuencas de los grandes ríos que aún fluyen libremente, como el Amazonas, el Mekong, el Congo y los ríos de la Patagonia, los gobiernos y la industria imponen sus proyectos de enormes represas, con el pretexto de producir energía limpia.

Luego de una década de pausa, la construcción de represas se reinicia ahora, en el mundo entero, gracias a la inyección de nuevos capitales chinos, brasileños, tailandeses, indios y de otros países de ingresos medios. Las instituciones financieras chinas han reemplazado al Banco Mundial como principal financiador de proyectos de represas. Los bancos y las compañías de China participan en la construcción de 216 grandes represas (“grandes” significa que tienen al menos 15 metros de altura, o entre 5 y 15 metros, y un embalse de por lo menos 3 millones de metros cúbicos de capacidad) en 49 países, principalmente en África y en el Sudeste asiático. Muchos de ellos tienen malas referencias en cuanto a derechos humanos. Bastará dar un vistazo a lo que sucede en China, en la cuenca amazónica y en África para ilustrar los riesgos que esto implica.

Los ejemplos referentes a tres zonas con intensa actividad de construcción de represas dejan entrever el panorama de los graves problemas que ellas traen aparejados. Las grandes represas prometen siempre progreso y desarrollo, pero la realidad muestra en cambio a refugiados desplazados y empobrecidos, ríos deteriorados y ecológicamente fragmentados, y a víctimas de zonas de pesca destruidas y sedimentos acumulados. Las grandes represas amplían también el hábitat de los vectores de enfermedades de origen hídrico, como la malaria, el dengue, la esquistosomiasis y la duela hepática. Es frecuente que las represas no aporten los beneficios calculados y, a menudo, su costo es superior al previsto. Además, si bien la hidroelectricidad se presenta como una solución para el cambio climático, de hecho muchas represas emiten enormes volúmenes de gases de efecto invernadero. Según la escritora y activista india Arundhati Roy, “las grandes represas son para el desarrollo de una nación lo que las bombas atómicas son para su arsenal militar; en los dos casos, son armas de destrucción masiva”.

Ahora bien, si las represas causan estragos en la vida de la gente y en los ecosistemas, y son cada vez más peligrosas en un mundo que se está recalentando, ¿por qué se sigue construyéndolas y defendiéndolas? ¿Y por qué se les saluda ahora como fuente ecológica y renovable de energía?

Una de las principales razones reside en los intereses creados: la industria hidroenergética, su red de consultores y las burocracias de los países interesados pueden conseguir grandes beneficios gracias a la planificación, la construcción y el funcionamiento de grandes represas. Estos atractivos suelen enmascarar las consecuencias que tienen para las personas y los ecosistemas, y la necesidad de desarrollar economías sostenibles ahora que el agua y la alimentación están cada vez más en crisis.

Los consultores y las empresas de ingeniería que realizan estudios de factibilidad y evaluaciones de impacto ambiental saben que deben dar a los proyectos una imagen favorable si quieren conseguir otros contratos en el futuro. Caso tras caso, y sin haber analizado todas las alternativas, afirman invariablemente que los impactos pueden ser mitigados y que el proyecto es la mejor opción para satisfacer las necesidades del país.

De más está decir que la corrupción tiene un papel clave. Una represa requiere una enorme inversión inicial, y los funcionarios gubernamentales y los políticos pueden fácilmente apropiarse una parte. Los ríos saludables, como todo ecosistema intacto, no tienen precio.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Ir arriba