La crisis del gas reaviva la alarma sobre la dependencia energética de la UE

La crisis del gas entre Rusia y Ucrania, que ya ha afectado a varios países europeos, ha reavivado la alarma sobre la dependencia energética que la UE tiene del exterior, especialmente de Rusia, y la dificultad de poner fin a esta situación.

En plena ola de frío, la drástica reducción del suministro de gas ruso hacia Ucrania a raíz de una disputa de precios entre ambos países inquieta en la UE, que compra a Rusia un 25 por ciento del gas natural que consume.

Bulgaria, que depende por completo de las importaciones rusas que representan más del 90% de su consumo energético, ha sido el país más perjudicado hasta ahora, pero Hungría, Rumanía, Grecia, Polonia, Rumanía, República Checa, Eslovenia, Eslovaquia, Austria, Alemania, Italia y Francia también han registrado irregularidades.

Del gas que la UE importa del exterior (un 60 por ciento), el 42 por ciento viene de Rusia, que envía el 80 por ciento de sus exportaciones a través de Ucrania y el 20 por ciento vía Bielorrusia.

Rusia es también el principal proveedor de petróleo a la UE, con un 33% de sus importaciones, y de carbón, con un 26% de sus compras al exterior.

Los estados bálticos, Finlandia, Eslovaquia, Bulgaria, Grecia, Austria, Hungría y República Checa dependen de las importaciones rusas de gas en más de un 70 por ciento, mientras que otros como España, Irlanda y Reino Unido no están tan expuestos a la crisis porque reciben gas de otros proveedores.

Las autoridades ucranianas y rusas se habían comprometido a no permitir que la disputa comercial que mantienen afectase al suministro europeo, pero no han cumplido su palabra y ahora se culpan entre ellas de que no llegue gas a la UE.

La Unión parece no estar interesada en buscar culpables sino en que la disputa, que sigue considerando meramente «comercial», se resuelva «inmediatamente», y en caso contrario ha amenazado con tomar «medidas más severas» que no ha detallado.

Para muchos analistas la posición europea, aunque en parte comprensible por su delicada situación de dependencia, no deja de sorprender, ya que permite a Rusia utilizar el gas una vez más como arma política para perpetuar su influencia en el exterior y resquebrajar la unidad comunitaria.

Al desacreditar a Ucrania como país de tránsito, Moscú, que no siente una gran simpatía por sus dirigentes en especial desde la «revolución naranja», acentúa la necesidad de reforzar otras vías como el gasoducto «Nord Stream» que conectará Rusia con Alemania por el mar Báltico, estratégicamente diseñado para no transitar por las repúblicas ex soviéticas bálticas ni Polonia.

Este conflicto que cada vez recuerda más al de 2006, que también afectó a Europa, comenzó el pasado día 1 cuando Gazprom cumplió sus amenazas de los últimos meses y cortó el suministro de gas a Ucrania.

Rusia, que mira con recelo cualquier acercamiento de las antiguas repúblicas soviéticas al bloque europeo, quiere que Ucrania -que hace cola para pasar a formar parte de la OTAN- pague por el gas ruso un precio de mercado (unos 450 dólares por cada mil metros cúbicos) y no de «amigo» (250 dólares) como hasta ahora, pero Kiev se niega a pagar más de 235 dólares.

La UE, que no quiere intervenir directamente en la negociaciones, anunció hoy finalmente que ha logrado un acuerdo con ambas partes para enviar monitores a fin de verificar cuál es el origen de los problemas, de los que Moscú y Kiev se culpan de forma recíproca.

Los Veintisiete van a intensificar su acción el viernes con una reunión del Grupo de Coordinación del Gas y otra de embajadores adjuntos ante la UE, en las que se evaluarán los acontecimientos, y si no hay una reanudación del suministro celebrarán un Consejo extraordinario de Ministros de Energía el próximo lunes.

Se le acaba el gas a Europa

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