La fantástica y maravillosa Provenza. Espectáculo natural incomparable

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Las vistas difícilmente podrían ser más espectaculares. Como salidas de un cuento de hadas la Provenza francesa es simplemente magnífica. Espectáculo natural incomparable. La serena belleza de los campos de lavanda franceses, y sus pequeñas y delicadas florecillas silvestres que crecen a su lado, acompañando y dando color, transmite serenidad, paz y un amor por el ambiente que toca los sentidos.

Este sí es un festival de color y también de aroma. Los campos de lavanda son sin duda uno de los mayores atractivos de esta zona del sudeste francés. En los meses de junio y julio el suelo se tiñe de colores lilas y violetas y el intenso perfume de lavanda invade la región.

La lavanda es el símbolo, el oro azul y patrimonio natural de la Provenza desde que allá por la Edad Media los habitantes de la región se percatasen de que aquella flor de color violeta e intenso olor tenía más virtudes de las que aparentaba.

Desde entonces, bien de manera salvaje o cultivada, la lavanda se ha ido abriendo paso por todo el territorio provenzal hasta alcanzar su actual fama mundial en forma de enormes y destacados campos violetas que cubren la zona atrayendo a turistas y abejas por igual.

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Hay diferentes especies de lavanda que crecen en la Provenza, la más conocida es el lavandín, un híbrido natural entre el espliego y la lavanda que puede llegan a confundirse con esta última por su similar apariencia. Lo diferencian su tallo, que es más largo y un aroma más fuerte, parecido al alcanfor; su esencia se emplea principalmente para usos domésticos como aromatizar la casa o de detergente para la ropa ya que sus propiedades terapéuticas no son tan beneficiosas como las de la lavanda, además, crece hasta los 800 metros de altitud. Mientras que la lavanda fina crece a partir de los 600-800 metros, su fragancia es más sutil y muy codiciada por los perfumeros franceses, de hecho, hace falta 130 kg de flores para obtener 1 litro de aceite esencial de lavanda, de ahí que llegara a denominarse “l’or bleu” el oro azul.

 

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