Libia: imperialismo, petróleo, poder y agua

Por Edgar Flores – Analista

Al referirnos a Libia, estamos hablando del 4,5 % de las reservas mundiales de petróleo y del 2% de su consumo actual. El escenario es el de una guerra civil, aunque a mi parecer estamos frente a una guerra imperialista. Se dice hoy en día que Kadafi masacra con armamento pesado concentraciones civiles. Pero en realidad desde su ascensión al poder en 1969 el entonces capitán Kadafi, autoproclamado coronel, es combatido por Occidente.

Después de reformar el Estado, anular la constitución y eliminar los partidos, crea el «Estado de Masas» Jamahiriya. En la realidad Libia es Kadafi y Kadafi es Libia. El beduino instala su carpa en medio de un cuartel y desde allí controla y administra los enormes beneficios petroleros del país.

El 15 de febrero, dos mil personas manifiestan en Bengasi contra la detención de un activista por los derechos humanos. En un país donde el 75% de los empleos es público, el 35% de la población tiene menos de 15 años y un promedio de 23 años. Con una tasa de desempleo de 30%, la rebelión encontró fácilmente su camino.

Las relaciones comerciales con Occidente, armamento, infraestructura y agua, suministro petrolero, hacen de Libia un paraíso de inversiones occidentales. Alemania, Italia, Francia y España son los principales actores del drama que se instala en tierras libias. El mismo Kadafi, combatido por ayudar todo Movimiento de Liberación en el mundo, es recibido en las capitales occidentales como el gran reformador. En efecto, el líder libio aprovechó la guerra contra Irak para volver al seno de Naciones Unidas, renunciando al armamento nuclear y a las mentadas armas de destrucción masiva; y colaborando con la obra de destrucción en Irak, que tiró abajo al régimen de Saddam Hussein.

La creación del NOC, National Oil Company, y la institucionalización de la inversión libia permiten el entrelazado de capitales que dan a Libia el 5% de Fiat, el 7,5 % de Juventus (futbol), industria militar italiana, Financial Times, por no citar sino algunas inversiones. Los planes o pretensiones de la OTAN de controlar todo el Mediterráneo crean la actual situación. La de un tirano megalómano y con intenciones dinásticas; sus hijos, sucesores y actores clave de las inversiones en occidente, aportan el resto.

La guerra contra Irak permite al líder libio retornar al mundo «civilizado» y de las buenas costumbres. En 1999 ONU levanta las sanciones como consecuencia de la renuncia libia al desarrollo nuclear y a las mentadas armas de destrucción masiva. A través de la creación de empresas mixtas, Libia da un paso atrás en la nacionalización de las fuentes de petróleo. Francia, que a través de sus «tres Marías»: Vivendi, Genérale des Eaux y Suez Ondeo, controla 40% del mercado mundial del agua, no es la menos interesada en tomar el control de Libia. Esta se encuentra –junto a Egipto– encima del Sistema Acuífero Nubio, importantísima reserva de agua dulce. Si la guerra destruyera el total o parte del acueducto, 4000 kilómetros, 25.000 millones de dólares sin ningún apoyo del FMI, Francia quedaría en primera línea para reconstruir y de paso privatizar dicho sistema.

¿A qué asistimos en este momento en Libia? ¿Es un pueblo harto de la corrupción y del poder unifamiliar, que entró en rebeldía? ¿Es una guerra más en la línea otanense de control del Mediterráneo? ¿Es otra agresión más de EEUU contra Muamar Kadafi? El llamado Consejo de transición libio, reconocido inmediatamente por Francia y Qatar, es el Consejo Nacional de Salvación de Libia. Financiado por Arabia Saudita, aumentado por jóvenes insurrectos que solo quieren trabajo y prosperidad, aderezado con algún militar desertor. Es difícil entonces pensar que se hará realidad el deseo de Malraux: que la victoria sea para los que no son amantes de la guerra, el pueblo.

A la luz de tantos intereses en el petróleo, en el agua, en el deseo de borrar del mapa político internacional a Muamar Kadafi, es difícil creer, una vez más, que el consorcio franco-británico-estadounidense, esté gastando sus bombas en defensa de la democracia y el bienestar del pueblo libio.

Y digo sus bombas porque –ironía o jugada maestra de Occidente– el Consejo Interino de Transición Libio obtuvo de Londres el acceso al fondo soberano de Libia. Una suma de 1.100 millones de dólares con lo cual Libia paga la guerra en Libia. Dejando a Occidente el pago-inversión de sus bombas, que sólo ayudan a establecer y fortalecer la presencia de capitales occidentales en el suelo libio. Por último recordemos que Kadafi pedía y entendía como necesaria y obligatoria la nacionalización del petróleo y la entrega de sus beneficios directamente al pueblo, medida que dejaba de lado los intereses de las clases privilegiadas libias, que se expresan apoyando y controlando la rebelión de un pueblo en defensa de un activista de derechos humanos y contra la corrupción.

A pesar del carácter tiránico, desde una óptica occidental, del coronel Kadafi, recordemos lo que decía Vivian Trías sobre el gobierno de Rosas: «Jefe de Estado que arma al pueblo es porque no le teme, y si no le teme, es porque no lo explota».

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